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Un submarino viaja desde España hasta el lugar de un naufragio en el Líbano

Noemí Jabois

Beirut, 23 ago. El submarino privado Piscis VI ha viajado desde España hasta el Líbano para ayudar a recuperar los restos mortales de 33 inmigrantes ilegales desaparecidos y otros objetos de interés del punto donde hace cuatro meses naufragó una barcaza frente a las costas de Trípoli, en el norte del país mediterráneo.

Está previsto que el pequeño sumergible, de seis metros de eslora y perteneciente a una empresa fundada inicialmente en Estados Unidos y con sede en Tenerife desde 2020, realice un intento de inmersión mañana a primera hora, explicó hoy a Efe Tom Zreika, presidente de AusRelief, la ONG australiana que financia la iniciativa.

Zreika estuvo ayer en Trípoli para la primera tentativa del Piscis VI, pero el viento y el oleaje obligaron a posponer la operación en el lugar donde el pasado 23 de abril se hundió una embarcación cargada de inmigrantes desesperados por dejar atrás la grave crisis económica del Líbano.

En los días posteriores a la tragedia, los equipos de rescate pudieron sacar con vida a unas 45 personas y recuperar al menos una decena de cadáveres, pero otros 33 pasajeros todavía permanecen desaparecidos en la zona cuatro meses después, pese a haberse asumido su fallecimiento.

El Ejército libanés, que facilita y toma parte en la misión, anunció el lunes el aplazamiento Twitter debido a que el fuerte oleaje podría “amenazar la seguridad” de la nave y su tripulación, formada por tres personas.

“El parte meteorológico para hoy era malo, así que hoy no salimos, pero mañana vamos a volver a bajar probablemente a las 4.00 horas (1.00 GMT)”, detalló el presidente de AusRelief, quien reveló que la contratación de la máquina les costó unos 500.000 dólares.

SEIS DÍAS DE MARGEN

El tiempo apremia porque el Piscis VI, que puede alcanzar una profundidad máxima de 2.180 metros y con capacidad para operar en cualquier lugar del mundo gracias a que cabe en un contenedor de gran capacidad, solo está disponible para la misión en el Líbano hasta el próximo lunes.

“Hay preocupación porque necesitamos meternos en el agua antes del lunes y recuperar (los restos), aunque al mismo tiempo la máquina opera durante 8 horas bajo el agua”, dijo el también cofundador de la organización australiana.

Explicó que el objetivo del submarino será tomar imágenes de ultra alta definición de los restos del naufragio y traer a la superficie “lo que sea posible, incluidas partes del cuerpo” de las víctimas, para que sus familias puedan darles “una sepultura adecuada”.

Se trata, en sus palabras, de “infundirles respeto y honrarlas”.

Según la página web oficial del Piscis VI, el versátil submarino puede llevar a cabo misiones científicas para recabar información, actividades con fines turísticos y educacionales, recogida de imágenes subacuáticas, inspecciones varias e incluso recuperar objetos de hasta 300 kilos.

Sin embargo, nunca había participado en una iniciativa de este tipo.

“Es su primera misión para recuperar partes del cuerpo, porque hacen muchos trabajos tipo encargos con base científica para el National Geographic y Discovery Channel. Pero les convencimos de que podían ayudarnos con esto, especialmente dado que no es tanta profundidad”, comentó Zreika.

Los restos del naufragio se encuentran a 473 metros de la superficie, mientras que la nave puede alcanzar más de cuatro veces esa profundidad.

UN PROBLEMA EN AUMENTO

Desde 2020, cuando se agravó la crisis económica desatada en el Líbano un año antes, se ha disparado la salida de embarcaciones ilegales que tratan de llegar a Chipre con el objetivo de alcanzar posteriormente otros países europeos.

Según datos de la ONU, aquel año partieron al menos 38 barcos con más de 1.500 pasajeros, más del 75 % de los cuales fueron interceptados por las autoridades o devueltos a tierra.

En el marco de la depresión, la moneda local ha perdido más del 90 % de su valor, el porcentaje de la población libanesa sumida en la pobreza ha alcanzado el 80 %, la inflación está disparada y se producen desabastecimientos de productos básicos y servicios como la electricidad o el agua corriente.

Para Zreika, la misión en Trípoli toca muchas fibras, pues él mismo tuvo que abandonar el Líbano en barco varias décadas atrás, cuando tenía tan solo 3 años.

“Nuestra iniciativa se llama ‘Los hijos del Líbano’. Como ciudadanos libaneses o expatriados regresamos para recuperar a estas personas, porque ese podría haber sido yo, esa podría haber sido mi familia. Solo que fui lo suficientemente afortunado como para lograr llegar a Australia”, concluyó. EFE

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