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Sobre “La Biblia Psíquika” de Genesis Breyer P-Orridge: el fin del arte y el poder de la creencia

Genesis Breyer P-Orridge, a comienzos de esta década.

Genesis Breyer P-Orridge, a comienzos de esta década.

Cuando Genesis P-Orridge llegó el límite del arte se encontró con el poder de la creencia.

Fue quizás el poder de la creencia lo que le costó la vida.

Durante décadas, P-Orridge (el nombre de guerra de Neil Andrew Megson, Manchester, 1950) había convertido en un movimiento en sí mismo cada cosa que había hecho, en un cuerpo de obra diseñado para unir a cierto tipo de personas y expulsar a otras, a apartar, como dijo el grupo hardcore Diferentes Actitudes Juveniles, a quienes nunca entenderán. Lo que había comenzado como COUM Transmissions, su grupo de arte performático en el comienzo de la era Thatcher, profundamente escatológico y a la vez político, con experiencias en espacios y galerías basadas en los fluidos de la sexualidad humana, luego se convirtió en Throbbing Gristle, uno de los grupos fundacionales de la música industrial. “Profundamente” es también el adverbio, perturbador, feroz, la expresión amorfa de un vacío. Psychic TV, su grupo posterior, sirvió para explorar las fronteras mismas de la cultura pop.

En el medio, Genesis conversó y cruzó su obra con la de figuras como William S. Burroughs o Bryon Gysin, a quien frecuentaba en París. También se convirtió en un chamán, en una suerte de patriarca. Fundó su propia orden, por llamarla de una manera. El TOPY, o Thee Temple of Psychick Youth, el Templo de la Juventud Psíquika, había comenzado en 1981 como un experimento en mail art para convertirse en una nueva vanguardia de la brujería, una red global de punks convertidos en ocultistas en busca de redefinir la noción del sexo y la sexualidad, del género y del cuerpo humano, del tiempo, de la mente y del deseo.

No destruía ninguna tradición. El ocultismo puede ser punk en sí mismo: el TOPY fue el propio post-punk de las ciencias ocultas. P-Orridge y decenas de colaboradores sin nombre reclamaban la herencia de Aleister Crowley, de Austin Osman Spare -un visionario que definiría la magia del siglo XX con la capacidad de crear un universo propio a través de su Zos Kia Cultus, el evangelio de la Mano y del Ojo-, de formas extremas del yoga, del hinduísmo basado en el terror con los aghori, ascetas devotos de Shiva que meditan en crematorios, del vudú haitiano, en la Church of the Process, un experimento religioso post-hippie que también investigó la intersección entre Cristo y Satán. El Templo mismo no existía, era el domicilio de cada adepto o devoto, era inmaterial, psíquiko.

Así, el trabajo esotérico del TOPY se volvió en algo particularmente gráfico basado en flyers y pequeños impresos, sellos y sigilos hechos en papel capaz de crear nuevos dioses, como habían hecho Cornelius Agrippa o Eliphas Levi, 500 o 150 años antes, nuevos grimorios creados por carta. Llegó hasta Argentina. Cartas de P-Orridge son parte del archivo platense del artista Edgardo Vigo, adeptos ocultistas locales, iniciados de órdenes que se marcaron la piel con la cruz característica del TOPY.

El aura de la cultura TOPY también fue parte de la Escuela Alógena, el experimento colectivo encabezado por poetas y performers como na-Khar-Eliff-Cé, que montó la Dreamachine de Brion Gysin una noche de 2002 en Palermo, un dispositivo lumínico capaz de inducir pequeñas alucinaciones. Fue clave en inducir la atmósfera de puntos de intersección como la vieja librería Índice Mármol en Belgrano, especializada en ciencias ocultas y contracultura, un lugar frecuentado por freaks: brujas, cabalistas y masones en motoqueras de cuero, fanáticos intensos de Nick Cave, universitarios rockeros y nerds que creían que los monstruos cósmicos de HP Lovecraft realmente existían en alguna parte, de cristianos místicos y gnósticos a favor de la eucaristía, la eutanasia y el aborto legal, una interzona de libertad donde lo sagrado no le pertenecía a ningún poder.

P-Orridge tras la separación de Throbbing Gristle, en una de sus imágenes más icónicas.
P-Orridge tras la separación de Throbbing Gristle, en una de sus imágenes más icónicas.

A comienzos de la década pasada, la editorial americana Feral House publicó la primera edición de The Psychick Bible, el compendio de escritos del TOPY, sus prácticas, nociones caóticas y sus ceremonias. No es un cuerpo litúrgico standard o un centro de doctrina, no es una Biblia, eso es una ironía. Simplemente es una idea, años de ideas y de transgresiones. P-Orridge lo firma porque básicamente se necesita una cabeza visible, pero los autores y autoras son decenas, muchos, o ninguno, las teorías e investigaciones de un colectivo a la que la historia le asignó un culto a la personalidad de su líder. Hoy, Caja Negra publica su primera tradición en español a cargo de Juan Salzano, ciertamente un entendido del tema. La edición es óptima en más de un sentido, 570 páginas que, publicadas en la semana que la derecha ultraconservadora rebaja sus tácticas para influir en el debate sobre el aborto en el Congreso, son significativas.

Este, para empezar, es un texto de liberación.

Porque, en definitiva, nadie es dueño de lo sagrado.

Sus contenidos no pueden ser sometidos a la crítica literaria o a la crítica del arte, por otra parte, porque La Biblia Psíquika no fue producida bajo esas reglas. El arte crea individuos con obra para comerciar, pero aquí no hay mercancía, no hay merchandising. La lógica de producción es otra: es producir Obra, con mayúscula, por todos los medios posibles. No hay individuos, solo uno, una cabeza visible, Genesis P-Orridge, mientras otros toman nombres de iniciados o usan seudónimos. Y es, claramente, un texto divisivo: repulsión o pertenencia. En el medio, nada.

“La Biblia Psíquika” mutó con los años. Caja Negra incluye en esta edición la narrativa sobre la fase final del experimento de vida que fue Genesis P-Orridge: su última transmutación. “Pandroginia”, lo llamó, el hecho de convertirse en un ser dual, algo más complejo de lo que parece a simple vista, tanto en su idea como en su ejecución.

P-Orridge y su pareja, Lady Jaye Breyer, fallecida en octubre de 2007.
P-Orridge y su pareja, Lady Jaye Breyer, fallecida en octubre de 2007.

Había conocido a Lady Jaye Breyer, una enfermera y dominatrix a comienzos de los años 90. Se enamoró, en una de las historias de amor más bellas de la historia moderna. Adoptaron sus apellidos, el uno al otro. Luego tomaron una decisión radical: unirse, literalmente, en un solo ser. El amor físico no era suficiente.

Comenzaron con la idea más cosmética posible: cirugías estéticas para parecerse la una a la otra, Genesis se implantó pechos y se operó su cara. Lady Jaye hizo lo mismo. Los antiguos gnósticos hablaban de un syzygy, un ser único pero dual. Quizás buscaban eso. Hay un documental bellísimo que relata todo este proceso, The Ballad of Genesis and Lady Jaye, estrenado años atrás en el BAFICI.

No es algo insólito, no conceptualmente. Uno de los mayores misterios del ocultismo, quizás la primera idea de post-humanidad, es unirse en lo Otro, lo que los rosacruces llamaron la Boda Química, o Aleister Crowley “el conocimiento y conversación del Santo Ángel Guardián”, la unión en la Cámara Nupcial del ser humano con algo superior, donde ese ser humano se une a ese algo superior y cohabita, coexiste. Hay muchas formas. Carl Jung lo encontró en Filemón, su hombre con alas de pájaro. El eros, el amor, es otra expresión, otra supuesta forma de lograrlo.

Genesis quizás la encontró en la carne, en su pareja.

Pero su pareja murió, en el año 2007.

Su experimento quedó incompleto.

Luego, murió Genesis también, un diagnóstico de leucemia. Hay quienes hablan de amor como a-mor, la ausencia de muerte. Esa es, quizás, la paradoja final. ¿Cómo se podría amar totalmente a algo destinado a dejar de existir? En el proceso, queda un mensaje de poder absoluto, un llamado a la guerra por la liberación, donde la victoria final es una nueva idea de ser humano.

Hay una suerte de coda al libro, un pequeño poema escrito por Genesis y Lady Jaye.

El poema dice:

“Destruyan el ADN”

“y lo esperado”.

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