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La muerte de Brian Epstein, manager de los Beatles: drogas, un supuesto romance con Lennon y versiones de suicidio

Brian Epstein fue el manager de los Beatles. El que consiguió el primer contrato, el que los acompañó por el mundo y en la Beatlemania. Murió en 1967 por una sobredosis accidental. Aunque hubo muchos rumores que hablaron de suicidio (Getty Images)
Brian Epstein fue el manager de los Beatles. El que consiguió el primer contrato, el que los acompañó por el mundo y en la Beatlemania. Murió en 1967 por una sobredosis accidental. Aunque hubo muchos rumores que hablaron de suicidio (Getty Images)

El 27 de agosto de 1967, en su mansión de Londres, aparecía sin vida Brian Epstein, el manager de los Beatles. Tenía 32 años. La noticia sacudió al mundo. Apareció en la tapa de la gran mayoría de los diarios. Las especulaciones comenzaron temprano. ¿Fue un suicidio? ¿Dejó una nota explicando su decisión? ¿Fue una muerte accidental? ¿Qué lo llevó a ese estado, si todo el mundo creía que nada le faltaba? ¿Tuvo que ver que se vencía el contrato con la banda? ¿Qué incitados por Paul, los Beatles no le renovarían el contrato? ¿O la depresión por la muerte del padre ocurrida un mes y medio antes? ¿Fue por la vida oculta que era obligado a llevar debido a su homosexualidad? ¿O la adicción a los barbitúricos se había vuelto incontrolable? No hay demasiadas respuestas. Sólo una historia con interrogantes en un uno de los actores fundamentales en el despegue de los Beatles.

La leyenda cuenta que una tarde de 1961, un joven llamado Raymond Jones entró a NEMS, el negocio que manejaba Brian Epstein y le pidió el single de My Bonnie, grabado por los Beatles en Hamburgo con Tony Sheridan. Epstein creyó no haber escuchado bien y le hizo repetir el nombre de la banda. No los conocía. A los pocos días llegó el segundo número de la revista musical Mersey Beat que cubría la escena joven de Liverpool. En la tapa estaban Los Beatles, cuatro chicos con aire salvaje y el pelo más desordenado y largo que lo habitual. Brian leía la revista con interés por dos motivos. Le gustaba estar informado sobre lo que pasaba para prever qué discos le podrían interesar a sus clientes y, además, había arreglado escribir una columna a partir del tercer número.

Lo cierto es que The Cavern quedaba cerca del negocio que manejaba Epstein y un día que los Beatles se presentaban al mediodía, Epstein fue a verlos con uno de sus empleados. No hizo la fila; lo hicieron pasar y le dieron una mesa preferencial: él y su empleado eran los únicos dos hombres de traje en el lugar.

La actuación le gustó. Eran desenvueltos en el escenario, graciosos y tenían buenas canciones. A su acompañante el grupo no le gustó nada, todo le pareció muy caótico. Epstein pidió ir a los camarines a conocerlos. George Harrison lo recibió con una pregunta que mezclaba el sarcasmo con el dato de que sabían quién era: “¿A qué debemos el honor de la visita del distinguido Mister Epstein?”. Hablaron un rato y se despidieron.

En ese encuentro personal, Brian quedó deslumbrado con el carisma de los músicos. Creía que ellos eran los indicados para su siguiente paso en la industria: manejar una banda. En las semanas siguientes fue a verlos varias veces más, hasta que un mes después del primer encuentro les propuso ser su manager. Las condiciones las arreglaron de inmediato. Él se llevaría el 25 % de las ganancias. Les prometió que en poco tiempo les conseguiría un contrato de grabación. Para firmar el acuerdo tres de los músicos debieron ser autorizados por sus padres ya que todavía no tenían la edad legal. Ya nada volvería a ser igual.

Brian Epstein manejaba un negocio de venta de instrumentos musicales, radios, muebles y discos cuando les propuso a los Beatles ser su manager. (Photo by Evening Standard/Hulton Archive/Getty Images)
Brian Epstein manejaba un negocio de venta de instrumentos musicales, radios, muebles y discos cuando les propuso a los Beatles ser su manager. (Photo by Evening Standard/Hulton Archive/Getty Images)

¿Cómo había llegado Brian hasta allí? Unos años antes, el padre de Brian se opuso a que su hijo siguiera su vocación. Brian quería ser diseñador de modas. En la casa ni siquiera escucharon la idea. Para sus progenitores era una declaración pública de homosexualidad, algo que sumiría a la familia en la ignominia.

La decisión sobre su futuro se postergó por el llamado a filas. A los 18 años ingresó fue reclutado por el ejército. Duró nada más que diez meses. Fue dado de baja por inhabilidad psicológica. El eufemismo escondía una historia. Brian en sus prematuras memorias publicadas en 1964 contó que fue echado por una broma que salió mal: un superior lo descubrió disfrazado de oficial y burlándose de sus superiores. Lo narrado por Epstein es una leve tergiversación de lo que en realidad ocurrió. Siempre cuidadoso en su manera de vestir y pulcro, le pagó a su sastre personal para que le confeccionara un traje de oficial. Vestido de esa manera – y no con las ropas de soldado raso que usaba durante el día- fue descubierto una noche en un bar gay. La usurpación de un grado superior al suyo pero mucho más la práctica de la homosexualidad fueron consideradas faltas graves por las fuerzas armadas británicas. Tan graves que la el tribunal militar casi no concebía que eso pudiera ser llevado adelante por alguien que estuviera en su sano juicio. Por eso se decidió la baja por problemas psiquiátricos.

El siguiente paso de Brian fue estudiar artes dramáticas. Entre sus compañeros de promoción se encontraban Albert Finney y Peter O’Toole. Tres años después abandonó los estudios y se dedicó de lleno al negocio familiar.

Brian empezó a trabajar en NEMS. Su padre tenía unos negocios de venta de instrumentos musicales que se fue expandiendo a otros rubros como radios y muebles. Brian Epstein fue ascendido a gerente y las ventas aumentaron notablemente. Luego fue puesto a cargo de un nuevo local que abrieron en el que incorporó la venta de discos. Otro gran éxito.

La primera intervención de Brian con los Beatles fue en lo estético. Cambió los jeans sucios y las camperas de cuero por trajes modernos. Fue también el que impuso los moptops, el corte beatle.

Visitó cada discográfica buscando una posibilidad. Hasta que en Decca le dieron una chance. Pero al final, los Beatles fueron desechados. Con esa grabación siguió recorriendo disqueras hasta que en Emi lo atendió George Martin. Algo vio en esos chicos aunque todavía les faltara demasiado. O tan solo necesitaba algún grupo joven nuevo para fichar. Lo cierto es que les dio una chance. El margen de negociación de Epstein con Emi era nulo. Le ofrecieron lo que a todos los que empezaban. Grabar seis temas en un año, es decir tres simples. De cada disco vendido la banda cobraba un penique, que a su vez debían, una vez descontada la parte de Epstein, dividir entre los cuatro: nada. Lo importante era tener la oportunidad.

Les envió un telegrama a Hamburgo con la noticia.

Los Beatles habían decidido no realizar más giras ni shows en vivo. El vínculo con Epstein se vencía en unos meses. La relación iba a cambiar
Los Beatles habían decidido no realizar más giras ni shows en vivo. El vínculo con Epstein se vencía en unos meses. La relación iba a cambiar

Después vino la explosión, la Beatlemanía. Algo que no se había visto nunca, algo para lo que nadie estaba preparado. Tampoco Brian. A la distancia se le reprochan varias de sus decisiones empresariales, no haber tenido la visión para entender la magnitud de lo que sucedía. Muy posiblemente nadie podría haberlo hecho. Era una revolución. Ellos estaban creando un negocio (mientras cambiaban el mundo).

Rechazó un acuerdo por merchandising en Estados Unidos, la creación de Northern Songs hizo que poco tiempo después Lennon y McCartney perdieran la propiedad sobre los derechos de sus canciones y los hizo presentarse en vivo hasta gastarlos y, muchas veces, no en las mejores condiciones de sonido.

Pero nadie puede dudar de que la influencia de Epstein en los Beatles fue muy positiva. Es difícil imaginarse a los Beatles y su genio sin el apoyo en las tareas más profanas de Epstein.

Los Beatles dejaron de tocar en vivo en el último trimestre de 1966. Las giras se habían convertido en una locura, en una trituradora. A eso se sumaba una limitación evidente. En el escenario, con la tecnología de la época, no podían reproducir todo lo que creaban e inventaban en el estudio. Tomaron la decisión de centrarse en los discos. Sin recitales y con el contrato que los ligaba a Epstein a punto de vencerse, el futuro del manager estaba en duda.

En las discusiones internas, los cuatro músicos se preguntaban si seguían necesitando alguien que los manejara. Es probable que ellos tuvieran la idea de seguir con Brian pero con otro acuerdo, uno en el que el porcentaje de ganancias fuera mucho menor al 25% y en el que sus funciones y capacidad de decisión estuviera más acotada.

En agosto de 1967, los Beatles estaban preparando su nuevo proyecto. Magical Mistery Tour. El 23 grabaron Your Mother Should Know. Ese día en el Chappell Studio de Londres fue la última vez que vieron a Brian Epstein.

Epstein acompañó a la banda en cada una de sus giras. Paul sostuvo que él fue el verdadero quinto beatle
Epstein acompañó a la banda en cada una de sus giras. Paul sostuvo que él fue el verdadero quinto beatle

Era fin de semana largo de un verano caluroso. Los Beatles viajaron a Bangor en Gales, a un encuentro de meditación con el Maharishi. Brian pensaba sumarse el lunes siguiente. Mientras tanto iría con unos amigos a una casa de descanso que tenía fuera de la ciudad. Allí esperaría la llegada de cuatro acompañantes masculinos que había contratado para pasar el fin de semana. Pero algo pasó el viernes en esa casa que hizo que Brian regresara a Londres en su convertible. Los amigos que fueron con él afirmaron que Brian se impacientó porque los hombres contratados no llegaban. Otros creen que hubo una pelea. Brian estaba algo alcoholizado. Llegó a Londres de noche, salió y regresó tarde a su casa. En su mansión de la capital inglesa un matrimonio español se encargaba de las tareas domésticas. Lo escucharon llegar. El sábado Epstein habló con ellos brevemente y con una amiga por teléfono. Después ya no se supo de él. El domingo a la mañana al no tener noticias de él, esta amiga -que lo había escuchado decaído en la conversación telefónica- se preocupó por la falta de respuestas. Fue hasta la casa y junto al matrimonio español comenzaron a llamar a la puerta de su habitación que estaba cerrada por dentro. La mujer convocó a otros amigos porque el inglés de los españoles no era bueno y a la tensión del momento se sumaba la incomunicación por el idioma.

Rompieron un vidrio y entraron al dormitorio principal. Epstein estaba boca abajo con solo medio cuerpo en la cama. No respondía a los llamados ni a los sacudones suaves. Alguien buscó el pulso pero no lo encontró. El cuello y las muñecas estaban fríos, casi helados, ajenos el calor del verano. Brian Epstein estaba muerto desde hacía varias horas.

Fueron llegando otros amigos. Al ver que la situación era irremediable, demoraron el llamado a la policía. Primero buscaron drogas por la casa y las tiraron. Mientras pensaban cómo hacer para que la noticia no se filtrara, alguien golpeó la puerta de entrada. Era un periodista de un diario sensacionalista que preguntaba si era cierto que Brian Epstein estaba enfermo. Le dijeron que no estaba en la ciudad. Y llamaron a la policía.

Su asistente llamó a Gales. Atendió Jane Asher, la novia de Paul. Le pasó el teléfono. “Brian está muerto” fue lo primero y casi lo único que escuchó McCartney. No pidió explicaciones ni detalles de las circunstancias. Reunió a los otros tres y les contó. Paul se subió a un auto y fue hacia Londres. En la puerta del lugar en el que hacían el retiro se agolparon los periodistas. John convenció a George y a Ringo de salir a hablar. Lennon fue quien enfrentó la situación. Explicó que no sabían qué había sucedido, que estaban shockeados y doloridos y ante la insistencia de los reporteros aclaró que no tenían idea de cómo iban a seguir.

Los Beatles no acudieron al funeral para evitar las aglomeraciones y para intentar que el adiós de su amigo fuera lo más tranquilo posible.

Las especulaciones comenzaron en el mismo momento en que se supo de la muerte. ¿Fue suicidio? ¿Una muerte accidental? Alguien habló de una carta suicida pero luego lo desmintió. La autopsia sostuvo que se trató de una muerte accidental: mezcla de barbitúricos con gran cantidad de brandy.

Algunos hablaron de los problemas contractuales. Pero no hay indicios para pensar que la relación con los Beatles fuera a interrumpirse. Por otro lado, Epstein a esa altura ya manejaba otros grupos. Su vida no se interrumpiría. Están también los que apuntan a los problemas que le acarreaba su homosexualidad y la persecución que sufría.

Brian Epstein murió por una sobredosis de barbitúricos en su mansión de Londres el 27 de agosto de 1967. Tenía 32 años (Photo by C. Maher/Daily Express/Hulton Archive/Getty Images)
Brian Epstein murió por una sobredosis de barbitúricos en su mansión de Londres el 27 de agosto de 1967. Tenía 32 años (Photo by C. Maher/Daily Express/Hulton Archive/Getty Images)

En la banda todos sabían que Brian era gay y, más allá de algunas bromas pesadas de John, nunca fue un problema para ellos. Es más, llegaron a eliminar a algunos amigos del círculo íntimo por haber discriminado a Epstein.

Alguna vez, antes de ser manager de los Beatles, Brian fue detenido por la policía. Lo acusaron de merodear unos baños públicos. La homosexualidad seguía siendo un delito en Inglaterra (lo fue hasta pocos días después de la muerte de Brian en 1967). Las relaciones sexuales entre hombres eran perseguidas por la ley, la misma ley que había enviado a Oscar Wilde a la Cárcel de Reading. Excepto algunos clubes ocultos, la vida gay en Liverpool era clandestina, escasa y riesgosa. Dogging en algún parque o en determinados baños públicos en los que se infiltraban policías para incitar a que les hicieran alguna propuesta para poder detener a los que buscaban tener relaciones sexuales. Eso le sucedió a Epstein que logró eludir la condena con una probation.

En 1963, Brian y John Lennon se fueron unos días de vacaciones a Barcelona. Allí, se dice, vivieron un romance fugaz. Lennon lo desmintió. En una de las últimas entrevistas que brindó antes de ser asesinado en 1980 dijo: “Fue casi una historia de amor. Pero nunca consumamos. Pero sí, nuestra relación era intensa”. Cynthia Lennon, la entonces esposa de John, dijo que el vínculo entre los dos hombres era platónico. Epstein ayudó mucho al matrimonio Lennon. Fue el padrino de la boda y también de Julian, su hijo. Fue también quien pagó la fiesta.

Otro (alguna vez) beatle declaró que Epstein le hizo una propuesta amorosa. Pete Best contó que una noche antes de que fuera eyectado de la banda volvían por una ruta a Liverpool y que Epstein lo invitó a pasar la noche en un hotel. El baterista rechazó la idea y ambos continuaron el viaje. Y nunca más volvieron a hablar del tema.

Es una vieja discusión, casi un juego. ¿Quién fue el quinto Beatle? ¿Stu Sutcliffe, el bajista que fue parte de la fundación del grupo y que los acompañó en Hamburgo? ¿Pete Best, el baterista que se quedó en las puertas de la fama, el que tuvo que despedir Brian Epstein? ¿Tal vez Billy Preston, el tecladista que llegó a airear el grupo cuando las tensiones entre ellos eran insoportables sobre el final? ¿George Martin, el productor musical, el que llevaba a cabo lo que ellos imaginaban, la figura paterna? La respuesta la tiene Paul McCartney: “No hay dudas. El quinto Beatle siempre fue Brian Epstein”.

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