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“Galactic Britain”: Boris Johnson y su proyecto espacial

La isla de Unst, en el extremo noreste del Reino Unido, se caracteriza por sus vastas praderas, escarpados acantilados y el rugido de las olas. Sin embargo, en la más septentrional de las islas Shetland habitadas, en lo que parece el fin del mundo, pronto se dará el pistoletazo de salida a un proyecto al que el ambicioso primer ministro británico Boris Johnson ha dado un nombre igualmente ostentoso: “Galactic Britain”. 

En esta isla se está construyendo el Centro Espacial Shetland, instalaciones que utilizará la empresa estadounidense Lockheed Martin para lanzar en 2022, y por primera vez desde suelo británico, un cohete RS1. El proyecto prevé hasta 30 lanzamientos de este tipo al año. 

El Gobierno del Reino Unido elogia su propio proyecto como una “nueva y audaz estrategia”, y ya ha anunciado que su ambición “galáctica” se extenderá más allá de las islas Shetland, situadas en la línea divisoria entre el Mar del Norte y el Atlántico. “Se acabaron los días en que la industria espacial británica no iba más allá de la rampa de lanzamiento”, argumentó Boris Johnson a favor de su estrategia espacial.

Además de las instalaciones de Unst, ha sido autorizada la creación del Puerto Espacial Sutherland, a construirse en el extremo norte de Escocia, en el condado de Sutherland. Desde allí también se prevén lanzamientos de satélites al espacio, si bien con cohetes más pequeños que los mundialmente conocidos Ariane o Soyuz. 

El aeropuerto de Newquay, en el condado de Cornualles, en el extremo suroeste de Inglaterra y a casi 1.200 kilómetros de la isla de Unst, está previsto asimismo para ser utilizado como puerto espacial para lanzamientos horizontales, en los que un avión lanza el cohete a unos 11.000 metros de altura. Además, se está estudiando la posibilidad de construir un emplazamiento en Gales, al oeste de Inglaterra.

De esta manera, el primer ministro Johnson quiere reforzar la posición del Reino Unido en la nueva carrera espacial, y anuncia orgulloso que su país pronto podrá salir al espacio desde su propio territorio. 

Hasta ahora, los lanzadores europeos despegaban desde el puerto espacial de Kourou, en la Guayana Francesa, departamento de ultramar de Francia ubicado en la costa norte de América del Sur. Sin embargo, el hecho de que los satélites sean cada vez más pequeños hace que ya no tengan que ser transportados por los voluminosos cohetes Ariane. Muchos de ellos tienen el tamaño de una caja de zapatos, y esto abre naturalmente nuevas perspectivas.

La carrera ha comenzado: en la isla de Andøya, al norte de Noruega, se está construyendo una base que el grupo aeroespacial europeo OHB, con sede en la ciudad alemana de Bremen, quiere utilizar para el lanzamiento de los satélites de su empresa Rocket Factory Augsburg (RFA), con sede en Baviera. 

Portugal, por su parte, está considerando la posibilidad de realizar lanzamientos desde las Azores, en medio del Atlántico. Y Alemania, sede de varias empresas emergentes que desarrollan cohetes, está planeando una plataforma de lanzamiento flotante en el Mar del Norte. 

Según estimaciones del Gobierno británico, para 2030, el mercado espacial crecerá hasta alcanzar unos 490.000 millones de libras (aproximadamente 640.000 millones de dólares estadounidenses).

El Reino Unido se ve a sí mismo en buenas condiciones para beneficiarse de esta coyuntura. En el sector ya trabajan unas 45.000 personas, y en la actualidad se están añadiendo muchos puestos de trabajo. Se estima que en Unst, con unos pocos cientos de habitantes, se crearán 140 puestos de trabajo, así como varias docenas en el resto de las Shetland. 

En torno al condado escocés de Sutherland se crearán 740 nuevos puestos de trabajo. Londres no carece de experiencia en el sector de los vuelos espaciales: en 2015/16, Timothy Peake fue el primer astronauta británico en una misión de investigación de seis meses a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS).

Para 2030, el Reino Unido quiere ser el mayor proveedor comercial de lanzamientos de pequeños satélites en Europa. Satélites meteorológicos, protección del clima, defensa: ningún ámbito queda fuera del programa espacial de Johnson. El secretario de Estado George Freeman, responsable del sector de Ciencias, ve a su país como una “superpotencia científica” que liderará las misiones espaciales internacionales.

Sin embargo, este proyecto de corte tan nacionalista también es objeto de críticas. Jan Wörner, antiguo director de la Agencia Espacial Europea (ESA) admitió ante dpa que el hecho de que Londres esté planeando su propio puerto espacial no es antieuropeo y que, en principio, el proyecto es bueno. “Pero no es de buen gusto bajo una rúbrica nacional”, puntualizó Wörner. “Sería mejor tener una Gran Bretaña fuerte en una Europa fuerte”.

Otros conocedores del sector aeroespacial ven la estrategia británica como los primeros pasos hacia la desvinculación. Tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea, Johnson quiere demostrar que su país está en condiciones de avanzar en solitario en el prestigioso sector espacial, señaló un experto que desea permanecer anónimo: “El objetivo de Gran Bretaña es la autarquía”.

dpa

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