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Facundo Manes: “Me gustaría debatir con Rodríguez Larreta y Santilli porque no tengo claro el proyecto de país que quieren”

"La Argentina necesita un proyecto colectivo, un gran acuerdo que nos lleve al progreso", dijo Facundo Manes (Fotos Maximiliano Luna)
“La Argentina necesita un proyecto colectivo, un gran acuerdo que nos lleve al progreso”, dijo Facundo Manes (Fotos Maximiliano Luna)

“Luego de asumir, Raúl Alfonsín reunió a un grupo de intelectuales y entre ellos estaba Borges, que le dijo: “Señor Presidente, los argentinos no sólo tenemos el derecho sino el deber de la esperanza”. Y hoy estamos en lo mismo: los argentinos tenemos el deber de la esperanza. Las sociedades o se paralizan o se retraen o tienen, como decía Obama, la audacia de la esperanza”.

Facundo Manes arrancó con esa frase la entrevista con Infobae, en su pequeña oficina del instituto que fundó en 20025. Tiene el guardapolvos de médico puesto. “Más tarde tengo que atender a mis pacientes”, explicó en estas horas de transición entre su condición de neurólogo a tiempo completo que desempeñó hasta ahora y su flamante debut político como precandidato a diputado nacional de la UCR por la provincia de Buenos Aires, donde competirá contra el PRO en las PASO.

¿Este especialista en la neurociencia quiere encarnar esa esperanza de la que habla? “Yo no lo tomo como algo personal -afirmó. Creo que la Argentina necesita un proyecto colectivo, un gran acuerdo que nos lleve al progreso. Como fue la reconstrucción democrática, que fue un gran acuerdo, no sólo de Alfonsín sino de todos, y, de hecho, décadas más tarde no es perfecta la democracia pero todos los argentinos defendemos esa política de Estado. Fue el último sueño colectivo. Hoy, la Argentina necesita un acuerdo, incluso un acuerdo parlamentario, un gobierno de coalición. Debería hacerlo ahora el Presidente. Estamos viviendo la crisis más importante de la historia argentina. La pandemia es una crisis multidimensional en un país frágil y necesitamos la construcción de una Argentina hacia el progreso. Hoy no estamos yendo al progreso”.

Manes es la gran esperanza del radicalismo para salir del segundo plano al que quedó condenado (o se condenó a sí mismo) tras su alianza con el PRO, todavía abrumado por el traumático final del gobierno de Fernando de la Rúa. A la UCR le cuesta encontrar un líder carismático y convocante con la impronta de Alfonsín y la dirigencia del centenario partido apuesta a que este médico pueda repetir y superar en la política lo que logró en su vida profesional: charlas en estadios ante 20.000 personas para hablar sobre los secretos del cerebro. Más convocatoria que cualquier político.

Para Facundo Manes, "la enfermedad sistémica de la Argentina es no tener un proyecto de desarrollo"
Para Facundo Manes, “la enfermedad sistémica de la Argentina es no tener un proyecto de desarrollo”

Antes que al Gobierno, al que critica siempre con su estilo moderado, deberá enfrentarse en las primarias a la lista liderada por el ex vicejefe porteño Diego Santilli y detrás de la cual está el proyecto presidencial de Horacio Rodríguez Larreta. Manes lo sabe, pero advierte: “Me gustaría debatir con Rodríguez Larreta y Santilli porque no tengo claro el proyecto de país que quieren”.

-Usted no cree que estamos yendo hacia el progreso. Parece evidente, pero ¿por qué lo dice?

-El problema está en el cuadro sistémico, no en los síntomas. Los síntomas son reflejos. La inflación, el dólar, la fuga de capitales, son reflejos de la enfermedad sistémica de la Argentina, que es no tener un proyecto de desarrollo. Este año vamos a tener el ingreso per cápita en promedio y ajustado por inflación casi similar al del 74. Cincuenta años perdidos. Es algo excepcional que un país tenga el mismo ingreso per cápita que hace casi 50 años. En 1975 había un 5% de pobres. Hoy, casi la mitad de la población está en condiciones vulnerables si tomamos la pobreza en forma multidimensional. Hace unas décadas la economía argentina era más grande que la economía brasileña. Hoy, el Estado de San Pablo y sus alrededores es más grande que la economía argentina. Yo tengo 52 años y viví 21 de contracción económica. Entonces no va más. Si seguimos con las mismas prácticas y discutiendo los síntomas, en unos años vamos a tener más pobreza, más desigualdad. Ya es inviable este país.

-¿Por eso decidió saltar a la política?

-El desafío no es mío, es colectivo. Es una reconstrucción de la modernidad, como fue la reconstrucción democrática. No lo veo entre los fanáticos, ni de un lado ni del otro, y por eso creo que este germen que se está agigantando, y me sorprende gratamente, es una dinámica de una gran parte de la sociedad que quiere discutir el progreso y dejar de mentirse. Acá nos mentimos. Pensamos que somos un país rico. Somos un país potencialmente rico, pero los recursos naturales, que son buenísimos tenerlos, no son la economía del mundo hoy. La economía del mundo está en lo que puede innovar una persona, crear el valor agregado. Y, además, no somos tan ricos en recursos naturales: per cápita, somos el país 47. Y aunque fuéramos el primer país en recursos naturales per cápita, hoy los recursos naturales no alcanzan para darles bienestar a 50 millones. La otra mentira es que estamos en vías de desarrollo. La Argentina está en vías de “des-desarrollo”.

-¿Podemos seguir así?

-Sí. Pero vamos a tener un país con mayor pobreza, con mayor desigualdad. Y hay una gran parte de la sociedad que no quiere resignarse, que no quiere renunciar a la Argentina.

-De todas formas, si usted quiere solucionar estos dilemas tendrá que hacerlo asociado con un partido que también ha sido parte de las frustraciones de la Argentina. ¿Siente que lo comprenden y que lo apoyarán? ¿Hay un cambio de mentalidad en la dirigencia política?

-Yo no soy un outsider: la política es la mejor herramienta de transformación social. Hay políticos buenos y malos. Es como en la medicina o como la ciencia, hay buenos y malos. Creo que hay que renovar y oxigenar la política. Y la Argentina que estamos planteando necesita de todos los argentinos, gente con experiencia, con gestión, pero necesita algo nuevo. Hace dos meses, yo no tenía pensado ser candidato. Acabo de sacar “Ser humano”, un libro que lo escribí durante toda la pandemia, con Mateo Niro. ¿Qué pasó en el medio? Vino la máxima dirigencia del radicalismo a verme para que sea candidato en la provincia de Buenos Aires. Tuve ofertas hace años en la política, pero nunca entendía bien para qué. Yo les planteé eso que me pregunta usted y les dije: tenemos que hacer un cambio de paradigma en la Argentina con los desafíos del siglo XXI y para eso tenemos que darle identidad a la oposición. Hay que reconstruir la identidad opositora al kirchnerismo. Necesitamos enfrentar a una maquinaria electoral importantísima como es la del PRO, experta en ganar elecciones, con muchos recursos. Pero tenemos que plantear un nuevo paradigma como lo hizo Tony Blair con el nuevo laborismo. Vi un nuevo radicalismo, un radicalismo que se quiere poner de pie, que quiere liderar. Que quiere una coalición grande de centro popular. ¿Qué significa esto? Racionalidad económica, calidad institucional y sensibilidad social. Y no alcanza con el radicalismo, hay que hablarle a la sociedad, al peronismo, al socialismo, a los liberales, al PRO. Pero hay que cambiar la dinámica de una oposición liderada por unas pocas personas y que aporta siempre lo mismo, sin autocrítica.

Facundo Manes y el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo
Facundo Manes y el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo

-Su propuesta parece lejana de alguna dirigencia que sólo piensa en el corto plazo.

-Hay que dar un salto de calidad en la oposición, pero esto no es un proyecto personal. Justamente el problema de los argentinos es que votamos proyectos personalistas y narcisistas. Mi incursión en la política es para debatir una nueva agenda, que es la agenda del desarrollo. Y necesitamos empatía, que es la habilidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir lo que siente el otro. Y yo creo que cuando empezamos a debatir empezamos a encontrar más puntos en común de lo que pensábamos con nuestros prejuicios. Uno de los mayores desafíos de los próximos liderazgos en Argentina es unirnos. Porque esta grieta nos embrutece, nos empobrece, y no nos deja pensar el desarrollo.

-Usted es visualizado por el radicalismo como una especie de salvador que lo va a reconciliar con sectores más amplios de la sociedad. ¿Cómo afronta ese peso alguien que no es político?

-Mi vida fue luchar contra el viento en contra, porque cuando vine a estudiar a Buenos Aires no conocía a nadie. O sea, tenía que recibirme y volver a Salto a ser médico. Y hoy generamos un ecosistema de más de 600 personas que trabajan en INECO (su instituto) y aportamos a la cultura de las neurociencias cognitivas modernas. Toda mi vida fue subiendo cuestas. Por eso la educación no es algo que suene lindo, un slogan, sino lo que cambió mi vida. La educación es bajar los prejuicios, es una brújula confiable en un mundo dinámico, cambiante, difícil. Y mi historia personal es lo que yo espero del país, un país basado en la educación, en el esfuerzo colectivo.

-Cuando usted estudió este era un país con un 15% de pobreza. ¿Cómo imagina que puede alcanzarse con objetivo cuando hay tanta gente con dificultades para alimentarse?

-Excelente. Gran pregunta porque es lo que trato de decir desde hace años. Cuando usted y yo estábamos en el secundario había un contexto implícito que nos hacía sentir, sin que lo dijera nadie, que si estudiabas, trabajabas y eras honesto ibas a progresar en tu vida. Había un contexto de país que hoy no existe más. Hoy hay datos que muestran que solamente el 5% de los argentinos piensan, y sobre todo los jóvenes, que la educación es sinónimo de movilidad social ascendente. ¿Sabe qué piensa hoy la gente? Que la plata en la Argentina se hace por la corrupción, por la política, por el fútbol o por herencia. No tenemos futuro aunque bajemos la inflación. Por eso propongo el cambio paradigma. Lo digo como neurólogo y como neurocientífico. El cerebro aprende de tres maneras: por algo que nos inspira, que nos motiva y que nos parece un ejemplo. Por eso hay que cambiar un clima de época. Y no me lo pongo en la espalda yo solo, es un trabajo colectivo.

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