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“El Kuko” Bruno, una historia de superación con un sueño mundial

Ariel "El Kuko" Bruno con 24 años persigue el sueño de su existencia.

Ariel “El Kuko” Bruno con 24 años persigue el sueño de su existencia.

Ariel “El Kuko” Bruno nunca se rinde, su capacidad de superación le permitió atravesar una infancia marcada por la escasez, una adolescencia dura por la pérdida de sus padres y ahora, con 24 años, persigue el sueño de su existencia: ganar un título mundial de kick boxing, disciplina en la que comenzó hace una década cuando la vida ya le había dado unos cuantos golpes.

Profesional desde 2013 y con más de 150 peleas sobre sus espaldas, este argentino se ilusiona con esa gran oportunidad, aunque para ello todavía busca apoyo económico, a días del combate en México.

“La pelea por el título mundial es el 21 de agosto pero la Federación Mexicana, que organiza el evento, me exige estar el 19 y realizar el pesaje el 20”, explica a Télam, “El Kuko” Bruno.

“Se pone en juego la corona y me voy a medir con el mexicano Jair Facto, campeón de su país, pero me exigen que me pague el pasaje y solvente mis viáticos junto con mi entrenador”, aseveró el boxeador, carente de los recursos a 13 días de la velada.

Bruno explicó que la chance mundial es “el sueño de toda persona que participa de un deporte de alta competencia, lo máximo a lo que se puede aspirar”.

“Se pone en juego la corona y me voy a medir con el mexicano Jair Facto, campeón de su país, pero me exigen que me pague el pasaje y solvente mis viáticos junto con mi entrenador”

Entre sus antecedentes cuentan haber conquistado los campeonatos nacionales, regionales y zonales como juvenil desde que se subió por primera vez a su ring a los 14 años.

Sus inicios

Bruno proviene de una humilde familia del partido bonaerense de Berazategui y quedó a cargo de sus abuelos y tíos cuando el cáncer se llevó a su padre y su madre durante la adolescencia.

El kick boxing, que le dio su primera oportunidad como profesional a los 16, lo ayudó a forjar la fortaleza y la resistencia de su temperamento. “Vengo en competencia hace tiempo y hace un mes me llegó la propuesta de pelear por el título mundial. Desde ahí encaré la preparación, lo que me exigió ponerme a la altura de las circunstancias ya que hay que entrenarse al doble”, contó.

“Vengo de una familia humilde, fue un sacrificio conseguir los guantes, hacer una dieta balanceada… Es un gran esfuerzo que realizó toda mi familia para que hoy yo esté acá”, reconoció.

“Vengo de una familia humilde, fue un sacrificio conseguir los guantes, hacer una dieta balanceada… Es un gran esfuerzo que realizó toda mi familia para que hoy yo esté acá”

En el ambiente lo llaman “El Kuko” porque antes de subir al ring se pone un pañuelo con una calavera y actualmente cursa el profesorado de educación física.

Acerca de sus orígenes en el kick boxing, Bruno relató: “En mi familia tuve un primo que de chico hizo artes marciales y ese ejemplo estuvo presente desde mi niñez”.

“Como todos los chicos en el país, empecé jugando a la pelota, me fui probando en clubes de los alrededores a mis 12 años y a los 14 mi madre falleció, ahí dejé de ir al club a jugar con la pelota”, afirmó.

Profesional desde 2013 y con más de 150 peleas sobre sus espaldas.

Profesional desde 2013 y con más de 150 peleas sobre sus espaldas.

Siempre asistido por sus seres cercanos, Ariel se volcó a una nueva actividad: “Venir al gimnasio en un momento tan particular de mi vida me mantuvo contenido. Al principio lo tomé como un hobby con gente que me agradaba, no tenía idea que me iba a dedicar a esto”.

“De a poco me empezó gustar competir, ponerme más de lleno en la actividad y posponer cosas ya que la vida del deportista te obliga”, recordó.

Su dedicación cada vez lo obligaba a elevar el nivel de aprendizaje, por lo que eligió como nuevo profesor a Jorge Gionco, figura reconocida en el mundo del deporte de contacto.

El cambio le implicó trasladarse desde Berazategui a Banfield, donde pasaba largas jornadas después de invertir “tres horas de viaje” para llegar.

“Venir al gimnasio en un momento tan particular de mi vida me mantuvo contenido. Al principio lo tomé como un hobby con gente que me agradaba, no tenía idea que me iba a dedicar a esto”

Su nuevo profesor, al ver las dificultades del joven para solventar los gastos de logística y el tiempo que perdía, seis horas entre ida y vuelta, le ofreció quedarse “en un cuartito al fondo del gimnasio”.

“En total viví cuatro años, acompañado por Pancho, mi perrito, pasando incomodidades, como no tener privacidad y algunas veces de carecer de agua caliente para poder higienizarse”, detalló.

Reconoció que este cambio, le permitió dedicarle “más tiempo al entrenamiento” aunque Ariel admitió que el deporte que practica lo “sostiene a pulmón, sin subsidios ni apoyos oficiales, sólo gracias a la solidaridad de personas y familiares”.

“Mi novia y amigos que me ayudan, hacen posible que siga en carrera. Yo solo soy uno en el montón de chicas y chicos que no tienen la oportunidad para explotar sus cualidades por un conjunto de factores”, sostuvo.

Para solventar los gastos del viaje a México y los viáticos, Ariel organizó “una rifa solidaria con 16 premios obtenidos mediante donaciones de amigos y familiares”. Y además recibe propuestas de personas interesadas en ayudarlo a través de su cuenta de Instagram @arielnik_.

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