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El de la autobiografía sobre adicciones de Matthew Perry

Especial para Infobae de The New York Times.

BEVERLY HILLS, California — Cuando me imaginaba a Matthew Perry, el actor a menudo conocido como Chandler Bing, lo veía en un sofá color mandarina en Central Perk o sentado en uno de los sillones reclinables gemelos en el apartamento que compartía con Joey Tribbiani.

En septiembre, después de llegar a su casa rentada de 585 metros cuadrados y que su compañero sobrio me escoltara por el portón de una entrada vehicular, me senté frente a Perry, quien estaba en un sofá blanco en una sala de estar blanca, a un mundo de distancia de “Friends”, la comedia de situación de la NBC que estuvo al aire durante diez temporadas y catapultó a la fama, fortuna y memes infinitos a sus seis estrellas. En vez de la mesa de futbolito donde se reunían Chandler, Joey, Mónica, Phoebe, Rachel y Ross, acompañándose en los primeros capítulos de la adultez, Perry, de 53 años, tenía una mesa de billar de fieltro rojo que lucía intacta. Había bastante luz en la casa, pero no mucha calidez.

He visto tres veces cada uno de los episodios de “Friends” —en horario estelar, en VHS y en Netflix—, pero no sé si habría reconocido a Perry si lo hubiera visto en la calle. Si en aquellos días de ‘Must See TV’, el eslogan publicitario que utilizó NBC para marcar sus bloques de horario estelar durante la década de 1990, era un terrier vivaz —tan memorable por su comedia física como por la inflexión que hizo de “¿Puedes SER más [insertar adjetivo]?” la nueva expresión de disgusto—, ahora parece más un bulldog aprehensivo, con todo y las arrugas en la frente.

Como lo confiesa su coprotagonista Lisa Kudrow en el prólogo de la autobiografía del actor, “Friends, Lovers and the Big Terrible Thing”, la primera pregunta que la gente suele hacer sobre “Friends” es: “¿Cómo está Matthew Perry?”.

Perry responde esa pregunta en el libro, el cual publicará Flatiron el 1.° de noviembre, mediante una crónica sucinta de la lucha sin cuartel que libró durante décadas contra el abuso del alcohol y las drogas. Su adicción produjo una odisea médica en 2018 que incluyó una neumonía, una explosión del colon, un lapso breve en soporte vital, dos semanas en coma, nueve meses con una bolsa de colostomía, más de una docena de cirugías de estómago y la comprensión de que, para cuando tenía 49 años, había pasado más de la mitad de su vida en centros de tratamiento o residencias para mantenerse sobrio.

El prólogo cubre la mayor parte de lo anterior. En cierto momento, Perry escribe en una oración parentética: “Nota: en los siguientes párrafos, este libro será una biografía más que una autobiografía porque ya no estaba ahí”.

El libro está lleno de revelaciones dolorosas, entre ellas una sobre una breve disfunción eréctil inducida por el alcohol y otra en la que Perry describe cómo llevó sus dientes superiores al dentista en una bolsita dentro del bolsillo de sus pantalones de mezclilla (mordió una rebanada de pan tostado con mantequilla de maní y se le cayeron: “Sí, todos”, escribe).

En voz baja y luego, cuando se relajó, a un volumen que me permitió dejar de preocuparme sobre mi grabadora, Perry se sintió cómodo conversando sobre su abuso de sustancias. Empezó con Budweiser y vino Andrès Baby Duck cuando tenía 14 años, luego creció hasta incluir cuartos de galones de vodka, Vicodin, Xanax y OxyContin. Decidió que la heroína era su límite, algo que Perry considera que le salvó la vida.

Perry dijo que llevaba sobrio 18 meses, lo cual significa que acababa de dejar de consumir drogas y alcohol cuando la reunión de “Friends” salió al aire en mayo de 2021.

“Probablemente he gastado unos 9 millones de dólares para estar sobrio”, admitió.

La mayoría de los adictos no tienen los recursos de Perry. Sin embargo, sí tienen lo que él llamó “el don del anonimato”, mientras que de sus momentos más desoladores hay fotografías, crónicas y, de vez en cuando, burlas. Que quede claro que a Perry no le encanta el secretismo de Alcohólicos Anónimos, donde apadrina a tres miembros. Explicó: “Sugiere que hay un estigma y que debemos ocultarnos. Esta no es una opinión popular, por cierto”.

El semblante de Perry se iluminó cuando hablamos sobre pickleball, su obsesión más reciente. Construyó una cancha en la casa a la que se mudará en Palisades. Juega con sus amigos y contrató a profesionales. Perry comentó: “Pensé que sería una buena idea, para subirme el ánimo, jugar pickleball antes de esta entrevista, pero en esencia estoy a punto de caer dormido en tus piernas”.

Entonces, ¿qué le inspiró a escribir un libro?

Después de su estancia prolongada en un hospital de Los Ángeles, Perry comenzó a redactar la historia de su vida en la aplicación Notas de su teléfono. Cuando llegó a las 110 páginas, se las enseñó a su representante, quien le dijo que continuara. Trabajaba en la mesa de su comedor durante dos horas al día, no más: “Era difícil hacerle frente a todo esto”.

Aunque Perry espera que “Friends, Lovers and the Big Terrible Thing” a la postre llegue al estante de la sección de autoayuda de las librerías, los seguidores de “Friends” encontrarán pizcas conmovedoras en sus páginas. Perry escribe con gratitud y elogios sobre las diez temporadas que trabajó con sus coprotagonistas, y ganó 1 millón de dólares por episodio en su punto máximo.

Recuerda la vez en que Jennifer Aniston fue a su remolque y dijo, “con un tono raro, pero cariñoso”, que el grupo sabía que él estaba bebiendo de nuevo. “Podemos olerlo”, dijo… y, él escribe, “el plural de ‘podemos’ me golpeó como un martillo”. En otra ocasión, el reparto lo confrontó en su vestidor.

Perry también deja caer una triste bomba sobre su boda en pantalla: “Me casé con Mónica y me llevaron de regreso al centro de tratamiento —fue el nivel más alto de mi momento más importante en ‘Friends’, la cima de mi carrera, el momento icónico en el programa icónico— y lo viví en una camioneta ‘pick-up’ con un técnico sobrio al volante”.

El libro sincero y de humor negro que escribió Perry ahora le otorga una silla plegable honoraria —y un espacio en el estante— al lado de David Carr, Caroline Knapp, Leslie Jamison, Nic Sheff, Sarah Hepola y otros autores que han explorado el minuto a minuto, la lucha con uñas y dientes de la recuperación.

“Hay un infierno”, escribe Perry. “No crean otra cosa. He estado ahí; existe; fin de la discusión”.

Perry comentó: “Ahora me siento mejor porque ahora existe. Se materializó en un trozo de papel. El ‘por qué’ sigo vivo sin duda está en poder ayudar a la gente”.

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