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Dudas sobre los compromisos climáticos de las grandes empresas

Mientras se multiplican las alertas sobre el daño masivo que causará el cambio climático en las próximas décadas, grandes empresas comenzaron a fijarse objetivos para reducir sus emisiones de carbono. ¿Pero es un compromiso genuino o una estrategia de propaganda?

Activistas climáticos ven en algunos de estos anuncios una estrategia de lavado de imagen verde (“greenwashing” en inglés) para compañías que tratan de camuflar los cuantiosos beneficios obtenidos en industrias basadas en el carbono.

A las puertas de la cumbre COP26 de Glasgow y ante las advertencias de la ONU sobre una “catástrofe climática”, analistas y grupos de reflexión consideran que todavía hay mucho por hacer.

– Los olvidos del “balance cero” –

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que la industria consume un 40% de la energía mundial y todavía utiliza ampliamente combustibles fósiles como el petróleo, el gas o el carbón que contribuyen en gran medida al calentamiento global.

“Un buen número de empresas en el mundo se han fijado objetivos ambiciosos, pero su impacto potencial sigue siendo dispar”, indica la agencia.

De 1.300 compañías seguidas por el grupo Boston Consulting, solo 11% dijeron haber cumplido con sus objetivos de emisiones de carbono en los últimos cinco años. Y solo 9% medían con precisión sus emisiones.

El centro de reflexión InfluenceMap evalúa en su “Lista A” las ambiciones climáticas de cientos de compañías. En solo 15 casos se consideraron suficientes.

Doce de ellas eran europeas, con Unilever, Ikea, Nestle o Tesla entre las pocas empresas de calado que usan su envergadura para impulsar políticas ambiciosas.

Kendra Haven, de InfluenceMap, apunta que “amplias partes del mundo corporativo parecen seguir ambivalentes o activamente contrarias a acciones climáticas audaces”.

Este centro con sede en Londres descarta a las compañías que pertenecen a “grupos de presión obstructivos”, por lo que empresas como Microsoft o Siemens no entraron en la lista al estar asociadas con la Asociación Nacional de Fabricantes o la Cámara de Comercio de Estados Unidos.

Desde 2019, el número de compañías que buscan reducir su balance de emisiones a cero en el futuro se ha multiplicado por seis y llega hasta 3.000, indicó BP en un informe en julio.

Pero la expresión “balance cero” puede esconder muchas emisiones en función de la definición escogida por la compañía.

Muchas firmas señalan que sus emisiones directas alcanzarán un balance cero en las próximas décadas, pero dependiendo de cómo producen, las emisiones indirectas pueden ser mucho mayores.

Por ejemplo, numerosos productores de petróleo se comprometen a cero emisiones directas, pero obvian las vastas consecuencias del crudo que distribuyen.

También existen abusos de los proyectos para compensar sus emisiones, como la reforestación, para equilibrar el balance a cero.

Para demostrar que su transición está en línea con el Acuerdo de París, las empresas pueden obtener certificados de la iniciativa Objetivos Basados en la Ciencia, que reúne a expertos, oenegés y Global Compact de Naciones Unidas.

– Lavado de imagen –

El sector financiero podría también dar pasos para ayudar, como analizar mejor la huella ambiental de las inversiones señaladas como neutrales en carbono.

De 16.500 fondos de inversión analizados por Carbon Disclosure Project, solo 0,5% están alineados con los objetivos de París.

“La realidad de las estrategias tradicionales de inversión climáticas no sostiene sus promesas”, afirma un estudio de la escuela de negocios francesa Edhec, tachándolo de “greenwashing” o lavado de imagen verde.

“Hablar de inversiones climáticas cuando la actuación ambiental de las empresas representa de media únicamente un 12% del tamaño de sus acciones en carteras es poco apropiado en el mejor de los casos, o desinformación en el peor”, arremete.

En lo relativo a la industria de combustibles fósiles, el director ejecutivo de AIE Fatih Birol indica que la atención se ha centrado en las empresas energéticas europeas y estadounidenses, pero los productores del resto del mundo también deben ser vigilados.

“Todas estas compañías deberían informar de forma transparente sobre cuánta inversión dedican a energías limpias, de cuántas emisiones son responsables y cuáles son sus planes para hacer frente a esto”, dijo Birol a AFP.

El directivo reconoce que las estrategias de lavado de imagen verde son un desafío y que su agencia está monitoreando cómo estas compañías invierten en energías limpias.

“Hace dos años, 1% de sus inversiones iban a energías limpias, este año es 5%. Hay un incremento. Pero el 95% todavía va a sus prácticas habituales”, indicó.

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