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Danielle Deadwyler es el corazón palpitante de 'Till'

Especial para Infobae de The New York Times.

Los ojos de Danielle Deadwyler son un instrumento que ella sabe usar con absoluta precisión.

En el drama posapocalíptico de HBO Max “Station Eleven”, pueden mirar fijamente el alma de la otra persona mientras su personaje, Miranda, absorbe el mundo que la rodea. En el wéstern negro de Netflix “The Harder They Fall”, son lo último que ve un malvado antes de ser asesinado por la ocurrente pistolera Cuffee, a la que encarna.

Y en su más reciente película, “Till” de la directora Chinonye Chukwu, sobre Emmett Till, el adolescente de 14 años cuyo horripilante asesinato en Mississippi en 1955 a manos de supremacistas blancos contribuyó a desencadenar el movimiento por los derechos civiles, a menudo llenan toda la pantalla, torturados y sin pestañear por el dolor conmocionado, con los párpados agitados por el doloroso recuerdo. Aunque la actriz ha tenido una presencia destacada en papeles secundarios en años recientes, “Till” es su primer protagónico en un largometraje.

“Crecí con esa historia, pero no la conocía a fondo”, dijo hace poco Deadwyler, de 40 años, sobre la relación entre Mamie y Emmett en una entrevista una tarde lluviosa en el Hotel Park Lane en el centro de Manhattan. “Así que esta era una oportunidad para mostrar lo que significaba ser Mamie tanto en público como en privado y cómo ella se propuso navegar por esas dos identidades”.

Los ojos expresivos de Deadwyler son solo el principio de su aclamada interpretación de la cariñosa madre de Emmett, Mamie Till-Mobley. En su crítica de la película para The New York Times, Manohla Dargis elogió el talento de Deadwyler de la siguiente manera: “Con una intensidad fija y unos cambios emocionales ágiles, Deadwyler está a la altura de las circunstancias en el papel de Mamie, ofreciendo una actuación silenciosa y centrada que funciona como contrapunto a la pesadez de la historia, su profundidad y su violencia”.

Deadwyler creció con tres hermanos en el sur de Atlanta, su madre era secretaria de juzgado y su padre supervisor de trenes. Su madre, dice, se empeñó en que sus hijos tuvieran una vida cultural diversa.

“Mi madre decía: ‘No puedes ir a la UGA’”, recordó, refiriéndose a la Universidad de Georgia. “Se había propuesto hacernos salir de nuestra zona de confort”, agregó.

De joven, Deadwyler se adentró en el teatro y la danza; tomó su primera clase de baile a los 4 años, después de que su madre la vio contonearse al ritmo de “Soul Train”, y se enamoró del teatro en la secundaria.

Fue a una universidad cercana a su casa y se graduó como historiadora de la Universidad Spelman, y continuó actuando en obras de teatro. Estudió una maestría en Estudios Estadounidenses en la Universidad de Columbia en Nueva York y escribió su tesis sobre las representaciones sexualmente positivas de las mujeres en el hiphop (en 2017, hizo una segunda maestría en Escritura Creativa en la Universidad Ashland en Ohio).

Cuando no fue aceptada en el programa de posgrado de Estudios sobre mujeres en la Universidad Emory en Atlanta (“Lloré en el baño del fideicomiso donde hacía mis prácticas”, dijo) se dedicó a la enseñanza en una escuela primaria subvencionada durante dos años. Pero con su aspecto juvenil y su complexión enjuta, Deadwyler tuvo dificultades para ser tomada en serio. “El personaje de Quinta Brunson en ‘Abbott Elementary’ parece joven, pero tiene una presencia de maestra”, dijo Deadwyler, apretando las rodillas contra el pecho. “Yo me veía joven, acababa de salir de la escuela de posgrado. Los niños me preguntaban: ‘¿En qué año vas?’”.

Luego vino el papel que la catapultó: el papel de la Dama de Amarillo en “For Colored Girls Who Have Considered Suicide/When the Rainbow Is Enuf”, cuando la obra se montó en el Teatro True Colors de Atlanta en 2009.

Poco después comenzó a aparecer en las pantallas de televisión y en 2012 protagonizó la serie de televisión “A Cross to Bear”, en donde interpretó a una madre alcohólica indigente. También empezó a conseguir pequeños papeles en televisión: la antagonista LaQuita Maxwell en la telenovela de Tyler Perry “The Haves and the Have Nots”, un papel recurrente como Yoli en la serie de Starz “P-Valley” y papeles memorables en “Atlanta” de FX y “Watchmen” de HBO.

Esta última fue la actuación que le vino a la mente a Patrick Somerville, creador de “Station Eleven”, cuando buscaba a su Miranda, la artista cuya novela gráfica impulsa el arco narrativo de la serie.

“Ella actúa con la mirada, puedes sentir cuánta sustancia hay en su interior, incluso sin que diga una sola palabra”, dijo el director.

La hizo pasar por varios cambios de guion de último minuto, pero “nunca le preocuparon los cambios. Siempre fue su propio centro. Siempre me impresionó su increíble confianza”, agregó.

El papel más grande de su carrera hasta ahora es “Till” y por poco no lo acepta.

Mamie Till-Mobley es mejor conocida por su insistencia en que el cuerpo de su hijo se velara con el ataúd abierto para mostrarle al mundo lo que una turba de hombres blancos le había hecho, pero la película se centra en su transformación de madre conmocionada a ferviente activista. “Mis representantes me enviaron el guion y pensé: ‘¿Quiero hacer esto?’”, recordó Deadwyler, madre soltera de un adolescente de 12 años, “porque es una labor llena de dicha, pero también dolorosa”.

Al final, el papel de Mamie resonó en ella.

Para su audición, presentó una cinta propia que incluía la escena en la que anuda una corbata alrededor del cuello de Emmett —su hijo, Ezra, tomó el lugar del muchacho— que se prepara para un viaje a Misisipi, mientras ella le dice: “No te hagas notar”. Luego, en una videollamada con Chukwu, actuó el momento en que Mamie ve el cadáver de Emmett por primera vez (“Le dije a mi hijo: ‘Oye, tal vez escuches algunos ruidos raros’”).

Chukwu, la directora, dijo que supo de inmediato que estaba ante algo especial.

“Supe que quería que el público viera la humanidad de esta mujer de color y que los rostros serían importantes, pero cuando vi cuándo control y poder tenía Danielle, me apoyé aún más en eso”, explicó.

Por ejemplo, la escena del testimonio de Mamie en el tribunal —una escena bastante explosiva de siete páginas que incluye dolor, frustración y rabia— se grabó en una sola toma larga. Chukwu dijo que originalmente había planeado otros ocho o nueve montajes, pero cuando Deadwyler recibió una gran ovación del reparto y el equipo en la primera toma —un primer plano de su rostro— Chukwu decidió que ya no necesitaba nada más.

Deadwyler comentó que el peso del sufrimiento de Mamie, su decisión de pelear batallas para las futuras generaciones aun cuando sabe que no puede ganar en el presente, se asentaba sobre cada parte de su cuerpo en el set de grabación. Pero en cuanto terminaban las tomas del día, un coche la llevaba a casa mientras escuchaba canciones góspel de Mahalia Jackson.

“Es un cambio sónico”, dice. “Es lo mismo que ocurre con Mamie: hay un yo privado y un yo público”.

También vivió momentos relajados en el set que dejaron ver el sentido del humor de Deadwyler. “Al principio pensé que ella era muy seria y que se enojaría mucho conmigo, porque yo no lo soy”, dijo Whoopi Goldberg, quien interpreta a la madre de Mamie y produjo la película. “Pero ella también puede ser de un humor muy simple”.

Al terminar la gira publicitaria de “Till”, Deadwyler piensa hacer un pausa para asimilarlo todo. También es posible verla protagonizar junto a Zoe Saldaña la nueva serie limitada de Netflix “From Scratch”, basada en las memorias de Tembi Locke sobre una estudiante estadounidense que se enamora de un chef italiano. Y tiene algunos proyectos cinematográficos en marcha, entre ellos la película de suspenso de ciencia ficción “Parallel”, de Kourosh Ahari, y el filme de misterio navideño “Carry On”, de Netflix, repleto de estrellas.

“Quiero colaborar con los demás y ansío que me propongan nuevos proyectos en lugar de hacer 80 o 100 audiciones al año”, reveló la actriz.

Mientras tanto, al enterarse de que su rostro se puede ver en anuncios montados sobre los taxis de Nueva York, se maravilló ante ese cambio de fortuna, aunque todavía no había visto ninguno. “Me gustaría desvanecerme lentamente en la oscuridad”, dijo riendo.

La risa de Deadwyler es algo curioso, un sonido que no se ha escuchado mucho en la pantalla: es una carcajada profunda y llena de cuerpo que retumba, cuyo eco se puede escuchar por el pasillo mucho después de que se cierre la puerta. “¿Yo, seria?”, preguntó con un brillo en los ojos. “No”.

Le pregunto si hay algo más en lo que la gente se equivoca.

Y ahí está esa carcajada de nuevo.

“En todo”.

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