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Así que querías terminar el trabajo pendiente en la oficina…

Especial para Infobae de The New York Times.

Marjorie Roberts, quien dirige una organización sin fines de lucro en los Cayos de la Florida, comenzó una mañana reciente con una lista de tareas que idealmente habría acabado en un santiamén. Encontrar la manera de cubrir a alguien que se va de vacaciones de verano. (Fácil). Revisar la auditoría reciente del contador (bah). Volver a hacer la solicitud de rembolso que rechazó el departamento de finanzas del condado (¿¡por qué?!). Todo era bastante sencillo.

Sin embargo, en la oficina —“el paraíso de un acumulador”, como ella la llama— no siempre puede hacer lo que quiere con su tiempo. Sus clientes y colegas pasan todo el día pidiéndole cosas.

A menudo incluso termina haciendo trabajo para el que no está particularmente bien preparada. “Yo soy la de Sistemas”, comentó Roberts, quien dirige Keys Area Interdenominational Resources. “Cuando se traba la impresora, yo intento resolverlo, busco en Google cómo repararla o llamo a mis hijos o esposo y les pregunto: ‘¿Qué debo hacer?’”.

Para el final de la jornada laboral, Roberts, como muchas personas, se va de la oficina con una lista de pendientes tan larga como la que recibió al llegar a la oficina.

En las dos últimas décadas, las empresas replantearon sus espacios de oficinas: algunas embutiéndose en lugares más pequeños, a medida que aumentaron las rentas; otras emprendieron una carrera armamentística por los beneficios. Las oficinas más lujosas obtuvieron toboganes, cabinas para siestas, servicio de lavandería, piscinas de pelotas y torrentes de cerveza fría.

Sin embargo, cuando más de 50 millones de personas comenzaron a trabajar desde casa en marzo de 2020, algunas de ellas descubrieron un lujo que sus empresas no podían ofrecer: paz y tranquilidad. Ahora que los ejecutivos están endureciendo sus políticas para el regreso a las oficinas, los trabajadores están descubriendo que sus días están llenos de más interrupciones. Se dieron cuenta de que el lugar de trabajo no siempre es el lugar ideal para trabajar.

“Tengo mis pendientes en general, pero debo atender los imprevistos que se presentan”, comentó Jennifer Choi, quien gestiona finanzas y operaciones en una organización artística sin fines de lucro en Nueva York y, durante los cuatro días a la semana que pasa en la oficina, se ve obligada a responder preguntas sobre mantenimiento de la oficina, tecnología y recursos humanos.

Las interrupciones en la oficina no están distribuidas de manera uniforme, según una investigación prepandémica. Las mujeres son más propensas que los hombres a recibir peticiones para realizar tareas que no les ayudarán a obtener ascensos y que “todo el mundo prefiere que alguien más termine”, como coordinar fiestas para los días feriados, según un artículo de 2017 publicado en American Economic Review. Las mujeres eran un 48 por ciento más propensas a ser voluntarias para este tipo de trabajo y, cuando se les pedía que lo realizaran, las mujeres aceptaban el 76 por ciento de las veces, en comparación con el 50 por ciento de los hombres.

Todo esto significa que el regreso a la oficina tiene más sacrificios para algunos empleados. Alguien debe reiniciar el enrutador. Alguien termina pidiendo los pastelillos de cumpleaños.

A medida que los jefes intentan atraer a la gente de regreso a la oficina, están luchando con la reconstrucción de un sentido de comunidad sin eliminar el énfasis que a menudo se le da al trabajo cuando se hace a distancia. Mientras tanto, algunos trabajadores están sintiendo nostalgia por el silencio que tenían en casa, sobre todo porque muchos de los cambios en la oficina, diseñados para atraer de vuelta al personal, a menudo dificultan más la concentración (por ejemplo, una empresa puso un muro de escalada).

Las investigaciones tienden a respaldar la idea imprecisa de que la gente termina más tareas fuera de la oficina. Un estudio de la Universidad de Stanford en una agencia de viajes de 16.000 personas encontró que los empleados del servicio de atención telefónica que trabajaban de manera remota eran un 13 por ciento más productivos que sus colegas que trabajaban en la oficina. Otro estudio con 1600 profesionales reveló que escribían un ocho por ciento más de código en un formato híbrido de trabajo que con un horario de tiempo completo en la oficina.

Sin embargo, muchos ejecutivos están convencidos de los beneficios de la oficina: las oportunidades de encontrar mentores, entablar relaciones y aportar ideas. Algunos trabajadores también tienen dificultades para ser productivos en casa, en especial quienes tienen responsabilidades de atender a otras personas. Por lo tanto, las empresas están recurriendo a extremos para que la oficina se mantenga en silencio.

Azeema Batchelor, quien trabaja en el despacho jurídico Wiley Rein en Washington D. C., se ha vuelto dependiente del sistema de semáforo en su oficina. Una varilla del ancho de un plumón, con una esfera en la punta, sale de su monitor. Cuando Batchelor necesita concentrarse, enciende de rojo la punta. Cuando está en una llamada, la pone en amarillo. Cuando está abierta a platicar con la gente que se pasea por su oficina, una luz verde los invita hacia ella.

La oficina de Batchelor implementó el sistema de luces de colores este año, cuando los empleados comenzaron a ir dos o tres días a la semana. El objetivo es ayudarlos a encontrar ese equilibrio entre la productividad y las conversaciones casuales que sí son deseables. Por ejemplo, el otro día, la jefa de Batchelor pasó a su oficina para hablar sobre una capacitación que estaban planeando. La luz verde estaba encendida.

“Comenzamos a hablar de que volví a mi rutina de ejercicios por primera vez desde que nació mi segundo hijo”, comentó Batchelor, quien agregó que, si las dos hubieran estado fuera de la oficina, la conversación habría sido solo sobre el trabajo. “Me habría enviado un correo electrónico en el que me hubiera dicho: ‘Por cierto, vamos a reconfigurar la capacitación’”.

Samu Hällfors, un emprendedor de Finlandia, se inspiró en su propia experiencia de distraerse en la oficina. Hällfors cofundó una empresa en 2010, llamada Framery, que fabrica cabinas de privacidad para oficina y ha vendido más de 75.000 unidades hasta la fecha. Las ventas de Framery saltaron a 93 millones de dólares el año pasado, en comparación con los 83 millones de dólares de 2020, y la empresa está en camino a generar 150 millones de dólares este año. Hällfors recordó la frustración de un colega que una vez confrontó a su jefe porque hablaba muy fuerte al micrófono de sus audífonos.

“Se levantó y le gritó a nuestro jefe: ‘Deberías irte a otra parte; nadie se puede concentrar’”, mencionó Hällfors. “Es probable que también haya dicho algunas groserías”.

Luego, está el conjunto de negocios que ha aceptado la oficina como un sitio de caos ocasional. En Zline, una empresa de electrodomésticos con sede en Reno, Nevada, donde los empleados van cinco días a la semana, los viernes, al final de la tarde, se juega tenis de mesa en la oficina. A veces la banda conformada por algunos empleados, llamada “Pago por hora”, comienza a tocar y uno de los empleados más intrépidos se sube al muro de escalada de la empresa.

En otras palabras, la oficina también sirve de sala de estar, gimnasio y sala recreativa de campamento de verano. “Sin duda esto no es como una biblioteca”, opinó Andrew Zuro, el fundador de la empresa.

Si Zuro necesita terminar tareas en solitario, suele hacerlo en la mañana, en casa o en la tarde después de que sus 220 empleados se van de la oficina. “A menudo es bastante ruidoso”, comentó. “Llega a ser bastante ajetreado por aquí”.

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