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Pasillos vacíos y un silencio atípico: Comodoro Py, transformado por la pandemia de COVID-19

Imágenes de Comodoro Py vacía por la cuarentena

El edificio de Comodoro Py 2002, en Retiro, es uno de los más conocidos del sistema judicial argentino. Por diferentes razones. Por las críticas a la lentitud de los procesos y por la siempre presente relación con el sistema político, entre otras tantas. También porque por allí han desfilado varios ex presidentes que fueron citados a indagatoria por diversos casos judiciales. Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri -por un caso de cuando fue Jefe de Gobierno de la Ciudad- tuvieron que declarar como imputados en causas judiciales que se tramitaron en los pisos tres y cuatro del edificio de Retiro.

Ahora mismo está en discusión la reforma judicial planteada por el presidente Alberto Fernández que tiene como objetivo principal licuar el poder de las juezas y los jueces federales. Pero en ese edificio hay algo más que doce juzgados federales en los que ingresan los casos de corrupción en las que son imputados los funcionarios de la administración pública nacional.

El edificio de nueve pisos concentra toda la justicia federal de la Capital. Allí funcionan cuatro salas de la Cámara Federal de Casación Penal y las fiscalías y defensorías ante ese tribunal. Dos salas de la Cámara Federal y la fiscalía ente esa cámara. Doce juzgados federales de instrucción con sus dos secretarías. Y doce fiscalías federales y tres defensorías. Allí se encuentran siete tribunales orales federales que realizan los juicios. Las fiscalías de juicio y las defensorías. En el edificio también hay dos juzgados de Instrucción, un Tribunal Oral en lo Criminal, tres tribunales orales en lo Penal Económico y tres tribunales orales de Menores. En el subsuelo funciona la alcaidía donde deberían alojarse solo los presos de paso que tienen que cumplir trámites en el edificio. Aunque en esa alcaidía -que no es una cárcel- hay detenidos que no están de paso.

Según cifras de la Cámara de Casación que ejerce la superintendencia del edificio, unas 2000 personas que dependen del Poder Judicial, el Ministerio Público Fiscal y el Ministerio Público de la Defensa trabajan en Comodoro Py. Esas cifras coinciden con las que brinda la Unión de Empleados Judiciales de la Nación (UEJN). En la justicia federal y nacional de la Capital trabajan unas 20.000 personas repartidas entre Poder Judicial, fiscalías y defensorías. El gremio que conduce Julio Piumato lleva un registro diario de los contagiados de Covid-19 entre los trabajadores judiciales. Hasta el viernes había cerca de 150 en todo el país y se habían producido unos 500 aislamientos. Algunos casos se dieron en Comodoro Py, que tiene un diez por ciento del total de los trabajadores judiciales de la Capital.

Esas 2000 personas trabajaban en el edificio de Comodoro Py. Ya no trabajan más. Porque desde que se declaró la cuarentena obligatoria por el coronavirus tan solo unas 150 personas por día cumplen son sus tareas de forma presencial en sus oficinas. Esa cantidad de gente es menor incluso a la que trabaja durante las vacaciones/ferias de enero y de julio.

A los 2000 empleados y funcionarios que hasta marzo iban a trabajar a Comodoro Py hay que sumarles unas 1500 personas que por diferentes razones entraban al edificio. A los que trabajan allí hay que agregarles los policías federales encargados de la seguridad. Los custodios y choferes de jueces, camaristas y fiscales. Los abogados y sus clientes. Testigos e imputados. Peritos, agentes de las fuerzas de seguridad que llevaban papeles de las investigaciones que realizan. Y familiares de detenidos que esperaban durante horas en los pasillos para poder ver aunque sea unos segundos a su pariente esposado y los allegados a las víctimas y a los acusados de los juicios orales. La lista es interminable.

Desde marzo pasado nada es como antes. Casi todo el trabajo se hace a distancia. La presencia de personal en los despachos se redujo al mínimo indispensable. Las audiencias de los juicios orales suspendidos por la cuarentena tardaron en reiniciarse pero ya se hacen de forma remota. Si algún trámite presencial fuera imprescindible se otorgan turnos. El trámite no puede durar más de 15 minutos.

El primer gran cambio producto de la pandemia se relaciona con el trabajo a distancia. El segundo es con el paso del arcaico sistema de expedientes en papel a la digitalización. Para ello los empleados tuvieron que escanear miles de hojas de expedientes. Y además las pruebas sumadas a esos expedientes. Y para ello hacía falta tener la tecnología indispensable. Hasta que llegaron las partidas de dinero del Consejo de la Magistratura hubo empleados que hicieron una colecta para comprar un escáner más veloz que los que había disponibles y adelantar trabajo. Se establecieron turnos rotativos, en horarios diferentes para pasar expedientes casi siempre voluminosos del papel a digital.

El edificio siempre ruidoso y concurrido tiene un aspecto fantasmagórico. Este cronista -junto al fotógrafo Franco Fafasuli- recorrió Comodoro Py el jueves 13 al mediodía.

Hay muchas diferencias entre el edificio de marzo y el de agosto. En la entrada principal, un policía federal con barbijo de color azul, toma la temperatura de los que ingresan. Los agentes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria que manejan el escáner instalado para controlar las carteras, mochilas y portafolios- usan barbijo y máscara protectora plástica.

Planta baja de Comodoro Py. Ascensores casi sin uso. Y cartelería preventiva.
Planta baja de Comodoro Py. Ascensores casi sin uso. Y cartelería preventiva.

Antes de la cuarentena extendida en ciertos horarios había cola para subir a los ascensores. En “hora pico” cada ascensor podía llevar hasta diez pasajeros, apretados, muy parecido a como se viajaba en el subte. En tiempos de coronavirus los ascensores están quietos en la planta baja. Casi olvidados. Y un cartel indica que no está permitido que lo usen más de dos personas a la vez.

El hall central solía ser un punto de reunión obligatorio para los que se tenían que encontrar en la planta baja del edificio. Las sillas que están allí siempre estaban ocupadas. En estos días no hay nadie. Y unas cintas plásticas indican que sólo se puede utilizar una silla de cada dos.

El color característico del edificio que hasta los 90 había sido de Vialidad Nacional, ha sido modificado por señales color negro y amarillo en el suelo, paredes y escaleras que invitan a guardar la distancia sugerida de 1,5 metros para evitar el contagio de coronavirus.

Las mesas de entradas de los juzgados tienen acrílicos para separar a los de adentro con los de afuera. En marzo antes del inicio de la cuarentena en algunos juzgados se adelantaron y los empelados compraron acrílicos que instalaron ellos mismos. Los minúsculos despachos donde antes se apiñaban los escritorios -de cuatro personas en ocho metros cuadrados- lucen vacíos. Los pocos empleados que concurren a trabajar lo hacen alejados entre ellos. La clásica ronda de mate compartido ha terminado por dos razones: porque no se puede usar la misma bombilla y porque las personas están separadas por mucha distancia.

Mesa de entradas de un juzgado federal. Una placa de acrílico sirve como protección.
Mesa de entradas de un juzgado federal. Una placa de acrílico sirve como protección.

Otro de los rituales típicamente judiciales que fue dejado de lado durante la pandemia es el de la firma de los expedientes. “La firma” pasó a ser un procedimiento donde tanto los jueces y juezas como sus secretarias y secretarios dejaron de verse las caras a un lado y otro del escritorio. Aquel “acto solemne” se convirtió en un ir y venir de capturas de pantalla y mensajes de WhatsApp que finaliza con la firma digital de los magistrados. De un día para otro se dejaron de utilizar los sellos, las almohadillas y las lapiceras a tinta. Todo se cambió por un par de clics.

En el entrepiso de Comodoro Py hay un kiosko. Antes de la cuarentena circulaban por allí todo aquel que quisiera comprar desde golosinas y bebidas hasta ensaladas, sándwiches y facturas. Ahora solo toman pedidos para llevar. No se puede entrar a comprar. Allí también iban los abogados que tenían que fotocopiar expedientes. Iban a un juzgado, dejaban su credencial del Colegio Público de Abogados, y un empleado los acompañaba hasta el kiosco donde podían hacer cientos de fotocopias.

El kiosko de Comodoro Py. En la pandemia solo vende productos para llevar.
El kiosko de Comodoro Py. En la pandemia solo vende productos para llevar.

Esa escena no existe en época de cuarentena. Porque la digitalización de los expedientes hace que salvo raras excepciones no sea necesario hacer fotocopias.

Los pocos que caminan por Comodoro Py lo hacen con barbijo y lo combinan con la vestimenta informal que habitualmente se durante las ferias en las judiciales. Otros, como el secretario general de la Casación, Juan Montesano Rebón, sigue usando traje y corbata y por supuesto barbijo.

Montesano Rebón fue a trabajar todos los días desde que se inició la cuarentena. Y es quien -antes de la pandemia- tenía a su cargo la organización de casi todo lo que sucedía en el edificio. En esta etapa le tocó –junto a sus compañeros de la secretaría general-también pegar las señales y controlar que hubiera alcohol en gel en los baños. “En Casación desde que comenzó el año entraron unas 4000 causas y ya se resolvieron 3500. Hubo que adaptarse al trabajo remoto y todavía seguiremos mejorando en esa tarea que supuso enormes cambios a los que tuvimos que adaptarnos de un día para el otro”.

Entrevista a Juan Montesano Rebón

A pesar de la cuarentena o precisamente por la cuarentena en los juzgados de Comodoro Py ingresaron muchas más causas que las que ingresaban hasta marzo. Es que a aquellos que violaron aislamiento preventivo y obligatorio se les abrió una causa por un delito federal: fue así que en los primeros 15 días de vigencia de la cuarentena al juzgado federal 9 a cargo de Luis Rodríguez ingresaron unas 8000 causas.

Al principio de la cuarentena colapsó la central telefónica de Comodoro Py. Y los empelados juntaban unos pesos para comprar insumos para la limpieza que exige la pandemia: alcohol en gel, lavandina, alcohol etílico. Y también guantes, barbijos y máscaras para los que fueran a trabajar. Luego comenzaron a llegar fondos del Consejo de la Magistratura.

Los trabajadores del área de informática pasaron fueron los más consultados del edificio. Tuvieron que garantizar que los servidores y las redes funcionaran de manera tal de soportar las conexiones. Fueron ellos los encargados de hacer posible que los empleados pudieran ingresar de manera remota al vetusto sistema LEX 100 que se usa en los tribunales. Al principio de la cuarentena hubo momentos de zozobra tecnológica pero después de varios meses -cuentan en Py- la situación se estabilizó y el trabajo a distancia se impuso.

Cuando comenzó la cuarentena las fuerzas de seguridad estaban destinadas al control de la calle para evitar la circulación de gente. Entonces hubo inconvenientes para conseguir que se hicieran tareas de investigación, allanamientos o procedimientos para buscar documentación necesaria para los casos. Con el paso de los días eso se ajustó.

Las audiencias remotas pueden presentar complicaciones. Un juez relata que tenía que indagar a una persona que estaba presa. A las 18 entró a Zoom. Allí estaban también el fiscal, los secretarios, los defensores del detenido, pero no estaba el preso. Recién pudo conectarse una hora después por problemas técnicos que había en la cárcel donde estaba detenido. La primera hora todos los asistentes al Zoom se miraron las caras y mutearon micrófonos.

Hay una imagen cotidiana que ya no se ve más en los pasillos de Comodoro Py. Antes de la pandemia circulaban carritos llenos de expedientes. De una juzgado a la Cámara. De una fiscalía a un juzgado. De juzgado a un Tribunal Oral. Pilas de papeles que iban de un lado al otro en diversos carritos adaptados a las necesidades judiciales. El tráfico de papel era incesante aunque tuvieran que llevas expediente de un piso a otro o de una oficina a la de al lado Eso no existe más. Porque el expediente papel se digitalizó.

Ya no se ven los carritos en Comodoro Py. Tampoco a uno de sus personajes más característicos. Raúl, el lustrabotas hincha de River, no puede llegar desde el sur del conurbano a trabajar en los pasillos y despachos de Comodoro Py como lo hizo durante todos los días de los últimos años.

Fotos y videos: Franco Fafasuli

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