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Los secretos detrás del mágico “Laberinto”, el filme imposible que nunca envejece

David Bowie, Jim Henson, Terry Jones, George Lucas. La sola mención de estos artistas geniales en cualquier proyecto parecería un éxito asegurado, pero no. Cuando Laberinto se estrenó en 1986 las expectativas eran enormes, pero la película fue un fracaso en los cines y gracias al mundo extinto de los videoclubs pasó a convertirse en un fenómeno de culto y hoy ya forma parte de la cultura pop. Lo que se dice un clásico.

Por eso, cuando en estos días se anunció que se realizaría una secuela, las redes sociales entraron en ebullición. El anuncio llegó por parte de TriStar Pictures, que anunció como director a Scott Derrickson (El exorcismo de Emily Rose, Doctor Strange, entre otras) y a Maggie Levin, escritora y directora de series de televisión para el guion. Sin confirmación del cast, para los fanáticos de la película solo hay un nombre posible para reemplazar a Bowie: Tilda Swinton.

La actriz y modelo británica había sido también la favorita del fandom para protagonizar la biopic Stardust, aunque en aquella oportunidad el elegido fue Johnny Flynn, conocido por ser protagonista de la serie Lovesick. Swinton y Bowie no solo fueron grandes amigos, sino que también jugaron a ser un matrimonio en el videoclip para The Stars (Are Out Tonight), del disco de estudio The Next Day, de 2013.

Pero volvamos a los ‘80, para realizar un recorrido por muchos de los secretos de cómo se realizó este prodigio del cine que, más de tres décadas después, no envejeció ni un poquito.

La trama, a grandes rasgos, gira alrededor de la adolescente Sarah (Jennifer Connelly), cuyo hermano pequeño es raptado por Jareth el Rey Goblin (Bowie) y quien desea casarse con ella. Para salvarlo, la joven debe ingresar a un enorme laberinto, donde habitan todo tipo de extrañas criaturas y lugares mágicos.

Laberinto salió a las salas en junio del ‘86 en EE.UU. y compitió contra otras películas emblemáticas de aquel año, como la secuela de la exitosa Karate Kid, Un experto en diversión (Ferris Bueller’s Day Off) y Top Gun, por lo que en su semana de estreno fue la octava película más vista y menos de un mes después ya había sido sacada de circulación. En total, recaudó USD 12.7 millones, por lo que apenas logró superar la mitad de su presupuesto de USD 25 millones.

¿Y por qué las expectativas eran enormes? Para empezar, la producción estuvo a cargo de George Lucas, quien ya era famoso por su saga de Star Wars y en la dirección se encontraba Jim Henson, el rey de las marionetas, mientras que el guion había salido de la mente de Terry Jones, uno de los geniales Monty Phyton.

Henson era una celebridad que había tenido un rol crucial en la conformación de Plaza Sésamo, aunque es más recordado por ser el padre de los icónicos Muppets, y además venía de un éxito en los cines como había sido El cristal encantado (1982), el primer filme realizado exclusivamente con marionetas y escenarios móviles.

Uno de sus deseos era el de realizar películas más oscuras, que tuvieran un ingrediente de interés para los menores, pero abierto a un público mucho más amplio. El fracaso que significó Laberinto, explicó Ben -hijo de Jim- años después, fue un golpe muy duro para un creador que “estaba acostumbrado a ser amado”: “Obviamente, él era un artista muy orgulloso y creo que lo impresionó un poco, porque sabía que había hecho algo extraordinario».

La selección del casting no fue sencilla pero Henson tenía claro lo que deseaba para cada papel, aunque en el caso de Sarah es donde hubo mayor competencia. Jennifer Connelly, entonces una quinceañera, realizó el casting con actrices consagradas de entonces y otras que lo serían luego. A priori, Ally Sheedy que venía de un blockbuster como fue El Club de los Cinco (The Breakfast Club) era la candidata para el rol, pero allí también estuvieron Sarah Jessica Parker, Laura Dern, Helena Bonham Carter, Jane Krakowski y Marisa Tomei.

Para interpretar a Jareth, Henson quería sí o sí a una estrella de rock que tuviera una presencia dominante y carismática, alguien que pudiera robarse cada escena con un gesto. Los primeros en ser analizados fueron aquellos que tenían experiencia en la pantalla grande, como Michael Jackson con el musical El mago (1978) -adaptación de El Mago de Oz que contó con Diana Ross en el papel de Dorothy-, Sting con Quadrophenia (1979) e incluso Rod Stewart, Freddy Mercury y Prince.

Pero Bowie, bueno, había demostrado ya no solo ser todo lo que se podía esperar de un personaje misterioso y con una potencia escénica incomparable como con su Ziggy Stardust, sino que además ya había protagonizado roles sólidos en tres filmes como El hombre que cayó a la Tierra (1976) y El ansia y Feliz Navidad, Mr. Lawrence, ambas de 1983. Por ende, el Rey David era la mejor opción para calzarse la ropa del Rey Goblin. Aunque la leyenda dice que fueron los hijos de Henson quienes convencieron al director de que el músico nacido en Brixton en 1947 era el ideal.

Lo de elegir una estrella de la música tenía también una intención dentro de la cinta, que buscaba no solo atraer al público joven con una figura reconocible, sino también crear una estética alrededor de él que remitiera a una figura extravagante, misteriosa.

En la edición especial lanzada en Blu-ray por el 30 aniversario, Brian Froud, el hombre detrás del diseño de las criaturas y el universo estético del filme, comenta: “Le di un bastón de mando algo arrogante, que tiene una bola de cristal. Si lo miras bien, es un micrófono. Hay muchas sutilezas así. Se supone que es el sueño de una joven de alcanzar a una estrella del pop”. Otro toque deliberado para sexualizar a Jareth fueron los “apretados pantalones” que, cuenta, produjeron muchos problemas de movimiento para el artista.

Cuando recibió el guion, Bowie se sintió atraído inmediatamente, se le presentaba una nueva oportunidad de crear un personaje diferente a lo que se conocía, como había sucedido ya en su carrera con Ziggy Stardust y Aladdin Sane: “Creo que, en su mejor faceta, Jareth es un romántico, pero en su peor es un niño malcriado, vano y temperamental… ¡Muy parecido a una estrella de rock!”.

En ese sentido, para el disfraz, además, se utilizaron referencias de los caballeros de los hermanos Grimm como de la famosa chaqueta de cuero que Marlon Brando inmortalizó en El salvaje (1953).

Y para conformar la personalidad de Jareth se utilizaron referencias tanto en la literatura clásica, como en el cine. Froud escribió un libro llamado The Goblins of Labyrinth, donde se desarrolla de manera detallada cada una de las criaturas. Allí, relata que el Rey se basó en Heathcliff de Cumbres Borrascosas, con esa actitud amargada y hosca, tanto como en Edward Rochester, ese paradigma del amor victoriano de Jane Eyre.

Con respecto al bebé, Toby, fue representado por Toby Froud, hijo de Brian Froud. Al crecer Froud junior no se alejó del todo del showbiz, aunque la actuación no lo atrajo tanto como el mundo de los títeres. Hoy, es un reconocido escultor, diseñador y creador de fantásticas marionetas. Su trabajo puede apreciarse en filmes como Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario (2005), ParaNorman (2012), Los Boxtrolls, King Kong (2014) y por supuesto en la serie de Netflix El Cristal encantando: La era de la resistencia (2019), la precuela del filme que habían realizado Henson junto a su padre en el ’82.

Toby, relató a Portland Monthly, que la primera escena que grabó junto a Bowie fue la que está sentado en el regazo de Jareth. Como el bebé no miraba a cámara y lloraba, asustado por el disfraz, detrás de cámara utilizaron un juguete ruidoso para llamar su atención. El plan funcionó, la escena se realizó luego de muchas tomas, pero el pequeño Toby no pudo evitar orinarse sobre el músico.

Construir el guion del filme no fue sencillo y hay cierta controversia a su alrededor sobre la “inspiración”. La idea original era que rondara en torno a la mitología hindú, pero nadie sabia nada sobre el tema, por lo que Henson desistió y se decidió ir hacia el lado del norte de Europa.

Así, se llegó a la conclusión de realizar una película más cercana a los cuentos de los hermanos Grimm con un tono de “historia de mayoría de edad”, de transición, como El Mago de Oz y Alicia en el país de las Maravillas. Ambos libros aparecen en la habitación del personaje principal de Sarah en el principio de la película.

Si bien en los créditos solo se nombra al Monty Python Terry Jones, co escritor y director de las comedias Monty Python y el Santo Grial (1975) y La vida de Brian (1979), no fue el único responsable. Hubo en total 25 guiones y borradores diferentes antes de la versión final. La primera versión corrió por cuenta de Henson y el autor canadiense Dennis Lee, aunque luego también intervinieron George Lucas y la guionista, directora de cine y comediante estadounidense Elaine May.

Pero, porque siempre hay un pero, la película tiene un argumento muy similar a Al otro lado, un libro de 1981 de Maurice Sendak, ganador de los dos premios más prestigiosos de literatura infantil y juvenil, el Hans Christian Andersen y Astrid Lindgren, y reconocido mundialmente por Donde viven los monstruos.

Al otro lado es la historia de Aida y de su hermanita secuestrada por unos duendes. Aida debe recorrer un mundo mágico, por el que llega a través de la ventana, para rescatarla y romper el embrujo antes de que pueda convertirse en una novia duende o goblin. Por supuesto, cuando Sendak leyó el argumento en los periódicos, involucró a sus abogados, quienes intentaron -sin éxito- convencer a Henson de que detuviera la producción de la película.

Sin embargo, lo que se encaminaba como un juicio por plagio, terminó en un arreglo amistoso al colocar la influencia del trabajo de Sendak en los créditos finales. Para Froud, sin embargo, todo fue una casualidad, por lo menos así lo dijo a la revista Empire: “Basamos Laberinto en el folklore europeo. Solo podemos suponer que Sendak estaba usando las mismas fuentes. El vínculo entre su trabajo y el nuestro solo se notó durante la producción”.

Laberinto comenzó a filmarse en abril de 1985 en el famoso Elstree Studios de Inglaterra, el rodaje duró cinco meses y estuvo lleno de desafíos técnicos y riesgos.

Si bien tenía experiencia frente a las cámaras, para Bowie fue algo desconcertante la dinámica de trabajar con muñecos: “Al principio tuve algunos problemas, ya que, por ejemplo, lo que decían no salía de sus bocas, sino de un costado del set o de detrás de uno”.

Uno de los personajes más populares fue Hoggle, el enano que trabaja para Jareth, que entabla una amistad con Sarah. Fue interpretado por la actriz con enanismo Shari Weiser para caminar y moverse, pero sus movimientos faciales fueron realizados por un equipo de cuatro personas que utilizaron controles remoto para manipular los 18 motores que se encontraban en el interior. Brian Henson, hijo de Jim, proporcionó la voz.

El destino final de Hoggle tras la realización de la película es algo curioso. Embalado y enviado a EE.UU., el muñeco se perdió durante el vuelo y desapareció por más de una década. Reapareció en el centro de equipaje no reclamado en Scottsboro, Alabama. Hoy, los viajeros del mundo pueden apreciarlo en una vitrina especial del Museo del Centro con otras pertenencias que nunca fueron reclamadas. ¿Lo reclamarán para la secuela?

Otro de los personajes que asiste a Sarah fue El sabio, que fue manipulado por Frank Oz, otra leyenda de las marionetas más conocido por dar vida y voz a Yoda, en Star Wars, y ser también la voz de Miss Piggy en los Muppets, aunque en esta oportunidad no realizó sonido alguno.

Henson estaba tan obsesionado con que no hubiese ninguna conexión con los Muppets que, si bien varios de sus Muppeteers trabajaron en el filme, no se utilizaron sus voces. Dave Goelz, otro de sus Muppeteers de confianza y que comandó a Sir Didymus, dijo a la revista Empire: «Jim quería separarse estilísticamente de los Muppets, y simplemente no quería que ninguna de nuestras voces fuera reconocible”.

Justamente, una de las escenas de Didymus, en la que debe montar a un perro a través del Pantano del Hedor Eterno fue una de las que más tomas necesitó. “El perro -que era manejado por control remoto- se resbaló de las piedras cada vez, así que tuvimos que hacerlo muchas veces y el perro siempre fue rescatado por el cable, yo no”.

La escena en que Connelly cae por un corredor vertical hacia una mazmorra también fue de una extrema dificultad y por eso es uno de los momentos visualmente más notables. El túnel de las “manos ayudantes” fue un desafío logístico. Surgió a partir de una idea pequeña de Jones y terminó convirtiéndose en un monstruo técnico y estético. Para realizarla, se necesitó de unas 100 personas con guantes de látex, muchos de ellos se elevaron a unos 12 metros, sostenidas con arneses, que agarraban a la actriz a medida que iba cayendo y, a su vez, conformaban diferentes rostros que dialogaban.

Otro de los detalles simpáticos, que pasan desapercibidos, es que la ciudad Goblin tenía un lechero a la usanza británica. En algunos momentos, se pueden ver las botellas de vidrio frente a las puertas.

Laberinto fue un prodigio técnico en una época en que los efectos por computadora estaban dando sus primeros pasos. Los sets, los personajes, todo, debió realizarse con materiales físicos, sin embargo, en los títulos de apertura hay una perla: el primer animal realizado con CGI realista en el cine.

Sobre un fondo negro, un búho virtual sobrevuela la presentación de los actores para transformarse en uno real en el comienzo de la historia. Hoy, hasta podría causar gracia, pero entonces fue sin dudas un gran avance.

Otra momento inolvidable, un prodigio de la mecánica y del arte de filmar, se encuentra sobre el final, donde se utiliza la litografía Relatividad de artista holandés MC Escher, de 1953, como escenario. La construcción del espacio impide saber -como en la obra- que se encuentra arriba o abajo, se representa un mundo en el que las leyes normales de la gravedad no se aplican, lo que tiene una lógica con una película que rompe constantemente con lo evidente. Como dice el gusanito al principio del filme, cuando Sarah busca ingresar al laberinto, “nada de lo que ves aquí es lo que crees ver”.

Antes de llegar al estrellato, David Bowie estudió para ser mimo junto a Lindsay Kemp, un alumno de Marcel Marceau, en Londres. Pero eso no significaba que pudiera manejar el arte del malabarismo.

A lo largo de la cinta, Jareth demuestra que es un maestro en el dominio de las bolas de cristal, aunque el Duque Blanco no contaba con tal talento. Por eso, se contrató a Michael Moschen, uno de los malabaristas más talentosos del mundo, quien se colocaba detrás del cantante y actor británico.

Fuera del alcance de las cámaras, Moschen prestaba su brazo derecho -que estaba metido en el traje de Jareth- para realizar todos esos movimientos prodigiosos que le otorgaban al personaje un aura de mayor misterio y fascinación.

La banda sonora está dividida entre dos autores: Trevor Jones para las instrumentales y Bowie, quien grabó cinco canciones. As the World Fall Down, Magic Dance, Underground, Chilly Down y Within You, siendo la primera la única que estuvo pensada para lanzar como sencillo e incluso se grabó un video promocional, pero nunca sucedió.

Ninguna de las canciones tuvo éxito: en EE.UU., por ejemplo, no ingresaron a los charts, aunque en el Reino Unido alcanzaron puestos alejados de los Top 10. Este fue el primer disco que Bowie realizó íntegramente para una película. Hasta ese momento había contribuido en varios filmes con canciones preexistentes en las que no estaba involucrado directamente.

Laberinto es, entonces, toda una rareza en los álbumes de estudio del autor de Starman, Heroes y Let’s Dance, ya que no surge de un deseo propio o reflexiones personales, sino que su musa es una historia interpretada por muñecos y largas horas en un estudio con pantalones muy, muy apretados. Si bien Bowie se mostró satisfecho con el producto final, en EMI Records no estaban nada felices con los resultados y el rebote de las canciones en los medios.

“Siempre había querido trabajar en la música de una película para niños, pero que gustara a todas las edades, y debo decir que Jim me dio plena libertad”, comentó en una entrevista de lanzamiento.

Uno de los temas que más permaneció en el tiempo fue Magic Dance, que comienza con un diálogo que no parece tener mucho sentido, pero que resultó un guiño a una comedia de fines de los ‘40. “Me recuerdas al bebé”, dice Jareth, “¿Qué bebé?”, le preguntan; “El bebé con el poder”, responde, antes de agregar “el poder del vudú».

Ese pequeño diálogo insignificante es un homenaje a la comedia El solterón y la menor, protagonizada por Cary Grant y Shirley Temple, quienes en una escena dicen: “Me recuerdas al hombre”, comenta Grant; “¿Qué hombre?” dice ella; “el hombre con el poder” y agrega “el poder del hoodoo”.

Otros de los detalles del tema son los sonidos guturales, los gritos y risas del bebé, que lógicamente nunca pudieron ser realizados por el bebé elegido cuando la canción se grabó en el estudio. Ante esta dificultad, fue el mismo Bowie quien terminó haciéndolos.

La coreografía de las escenas musicales fueron realizadas por Gates McFadden, una actriz conocida en el universo Trekkie por interpretar a la doctora Beverly Crusher en la serie de televisión Star Trek: The Next Generation.

McFadden había trabajado con Henson en El cristal encantado y Los Muppets conquistan Manhattan (1984) como directora de coreografía y movimiento de marionetas, aunque para distinguir su doble carrera usó su primer nombre real, Cheryl, cuando trabajaba en coreografía, y su segundo nombre, Gates, cuando actuaba.

Laberinto fue un fracaso en EE.UU. y a nivel global, aunque un éxito en el Reino Unido. El día del lanzamiento en diciembre del ‘86 tuvo una alta repercusión en los medios gracias a la presencia de Lady Di junto al príncipe Carlos, quienes dialogaron con Jim Henson, aunque quien se robó la mayoría de la atención paparazzi fue la interacción con Ludo, la gentil bestia.

Si los tiempos de la industria y de la pandemia de Covid-19 lo permiten, Laberinto tendrá una nueva oportunidad. Para los románticos, nada puede compararse con la original y es lógico. Los desafíos técnicos y la riqueza de la textura de los decorados de aquella son hoy aún mucho más disfrutables en tiempos de pantallas verdes y exceso de CGI. Sea cual sea el resultado final, la película que reunió a Bowie, con Henson, Lucas, Jones y dio su primera gran oportunidad a Connelly, vivirá por siempre en aquellos que aún pueden sentarse frente a una pantalla con corazón de niño. Dance Magic, dance!

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