Inicio / DEPORTES / Así es Hamilton

Así es Hamilton

Nada hace pensar que de un día para el otro Hamilton pierda el apetito que lo constituye: el de la velocidad.

Nada hace pensar que de un día para el otro Hamilton pierda el apetito que lo constituye: el de la velocidad.

Lewis Carl Davidson Hamilton es un hombre extraordinario por donde se lo examine: por destrezas y conquistas al mando de los bólidos supersónicos y por aristas de un perfil igual de copioso que difícil de asir, sobremanera para quienes viven la complejidad de lo humano como una piedra en el zapato.

Extraordinario, Hamilton, por lo ya consumado, por la nueva cuesta que acaba de escalar, pero también, o de un modo específico y digno de admiración, por los manantiales que convergen en una biografía provisoria.

Nada sabía Jorge Luis Borges de automovilismo, pero sí de la arbitrariedad con la que se tiende a condensar la identidad de una persona mediante el sencillo trámite de seleccionar una serie de hechos capaz de garantizar eso que damos en llamar «coherencia».

En el sentido que fuere, para bien o para mal, una comunidad de datos lineales que hacia el final del horizonte canonizan o satanizan.

Supongamos que en la vida de una persona hay 200 sucesos, proponía Borges, y los dividimos en dos casilleros, al azar: verán que resultaría poco menos que imposible deducir que se corresponden con una misma travesía vital.

Que Hamilton ya es uno de los más grandes exponentes de la Fórmula 1 y que camina firme a ser el más laureado es una certeza que releva de mayores consideraciones, puesto que de nada carece para ser un ícono viviente, un genuino miembro del olimpo de los deportistas más egregios.

Y eso, cuando lleva el 90 por ciento de su vida al mando de una máquina con ruedas, pero su pasaporte recién establece 35 años y acaso los 36, el 7 de enero de 2021, lo encuentren con otra Copa en la vitrina, así, con mayúsculas.

Cada era ejerce sus propios rasgos y una dinámica no reducibles por las eras precedentes y sin embargo es plausible el ejercicio de poner sobre la mesa que Michael Schumacher se retiró a los 44 años, igual que Jack Brabham, el «Profesor» Alain Prost a los 45, Juan Manuel Fangio a los 46 y a otros les melló la motivación el accidente de un amigo como a Jackie Stewart, o la vocación de tener un equipo propio, como a Emerson Fittipaldi, o las secuelas de un accidente terrible, como a Niki Lauda, pese a que se propuso volver y volvió.

Hamilton al celebrar la victoria que lo emparejó con Schumacher.

Hamilton al celebrar la victoria que lo emparejó con Schumacher.

Nada hace pensar que de un día para el otro Hamilton pierda el apetito que lo constituye: el de la velocidad. El tipo parece igual de feliz en una carrera de Fórmula 1 que desoyendo límites en una autopista de Francia o de Australia, donde el magistrado que fijó su multa lo describió como «un niño piloto».

Un niño-piloto, un hombre piloto con fuego y picardías de niño, un hijo a buenas con el mandato de su padre (que lo nombró «Lewis» en honor al raudo Carl de las piernas voladoras), lo soñó victorioso en las grandes ligas, fue su inspirador, su motivador, su financista, su representante, hasta su mecánicos en los tiempos de karting, pero que en un desdichado día fue cesanteado por su propio hijo.

Ese también es Hamilton: el que desplazó a su padre en el entendimiento de que su carrera necesitaba un manager más operativo, el que alguna vez habló de forma despectiva de los originarios de «los barrios marginales», el que afrontó causas por evasión fiscal y difundió lo más campante un video de corte sexista y denigratorio.

Pero de todo eso se arrepintió, o dijo que se había arrepentido y no hay motivos ni para descreer de su contrición ni para licuar en un puñado de episodios una existencia tan rica.

Hamilton: mulato, antillano, lord, irreverente, militante ambientalista y enfático anti racista en general y en el fatuo mundo de la Fórmula 1 en particular.

Multimillonario, filántropo, eventual vecino de Manhattan y de Montecarlo, colaborador de una canción de Christina Aguilera, admirador de Andy Warhol, productor ejecutivo de The Game Changers y dueño de una línea de ropa presentada en la Semana de la Moda en Nueva York, pichón inexplotado de gran jugador de cricket y de fútbol, as del volante.

¡Salud, míster Hamilton!

también puedes leer

Unión se juega entero en Santa Fe para eliminar a Bahía y avanzar

Unión necesita ganar Unión de Santa Fe recibirá a Bahía de Brasil con la necesidad …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *