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Andrés Oppenheimer: “La idea de llevar médicos cubanos a la Argentina es ridícula y muy costosa”

El coronavirus no detiene la actividad de Andrés Oppenheimer, el periodista y escritor argentino que reside desde 1985 en Miami. Columnista de The Miami Herald y La Nación y conductor de “Oppenheimer Presenta”, los domingos a las 21 por la CNN, también es un autor prolífico. El último libro habló sobre el futuro en la era de la automatización, un proceso que tiene una aceleración dramática con la pandemia. Crítico del manejo de Donald Trump con la pandemia, porque “no hizo nada para frenar los contagios, a pesar de que el primer caso se conoció el 13 de enero”, pone el foco en que siendo Estados Unidos el 4% de la población mundial, el 27% de los muertos por COVID-19 son norteamericanos. Sobre el proyecto del Gobierno argentino de contratar médicos cubanos en la emergencia sanitaria asegura que no hay razones que lo expliquen. “Cuba es un estado parásito, y no me extrañaría que ante el colapso de Venezuela esté pensando en avanzar sobre otra nación”, analiza. Aquí, el diálogo con Infobae.

– Hace dos años publicó Sálvese quien pueda, desarrollado a partir de un estudio de la Universidad de Oxford que decía que dentro de 15 o 20 años, el 47% de los empleos serán reemplazados por robots y computadoras, por lo menos en los Estados Unidos ¿La pandemia va a acelerar este proceso?

– Sin duda, la pandemia del coronavirus va a acelerar todas las tendencias de las que hablé en el libro. Yo decía que veríamos una automatización de los trabajos manuales, y de muchos trabajos intelectuales hacia finales de esta década, pero me quedé corto. Ahora va a ocurrir mucho antes. El CEO de Microsoft dijo hace pocos días que hemos visto una transformación digital de dos años en los últimos dos meses. Se está viendo en todas partes: en el aumento del teletrabajo, la telemedicina, la educación en línea. El número de videoconferencias se disparó de unas 10 millones a 300 millones por día en los últimos dos meses, según Zoom y otras empresas. Puede que esta cifra caiga algo cuando pase la pandemia, pero no mucho. Esto no hay quien lo pare. Además, el coronavirus -y el miedo a futuras pandemias- aumentará la robotización de muchos trabajos, porque hará que muchas fábricas manufactureras ya no quieren tenar a sus trabajadores sentados unos junto a otros en la línea de producción, como ahora, y arriesgándose a contagiarse del virus. Como ya está sucediendo en China, los van a reemplazar por robots industriales. Los robots no se enferman de coronavirus, son cada vez más baratos y cada vez más inteligentes, trabajan 24 horas por día, no se toman vacaciones y no piden aumento de sueldos.

– Usted no da un mensaje moral, no dice si es bueno o malo, brinda su propia experiencia, porque hasta se alojó en un hotel atendido por robots en Japón. ¿No padece la vorágine?

– La automatización del trabajo va a ser buena para muchos y mala para muchos otros. Va a ser buena para las clases medias y altas, para la gente que fue a la universidad y está conectada a Internet, porque les va a permitir entrar en un mercado laboral global. En el libro cito varias plataformas de internet donde un diseñador de páginas web o un contador en Argentina puede ofrecer sus servicios en Estados Unidos, Sudáfrica o Tailandia, y viceversa. Y no habrá sindicato ni gobierno populista que lo pueda parar. Pero lo malo es que puede aumentar la inequidad. La gente que no terminó la secundaria, o que no tiene una laptop, o que no tiene una buena conexión a Internet se va a quedar cada vez más atrás. Por eso es tan importante que los gobiernos impulsen la educación de calidad, y que el país trate de mejorar su posición en los test internacionales PISA de estudiantes de 15 años.

– ¿Qué le genera la pandemia, el primer fenómeno definitivamente global de todos los tiempos?

– Me genera incertidumbre, como a todos, pero no va a ser el fin del mundo. Creo que van a cambiar muchas cosas, pero otras no. Es cierto que es un fenómeno global, pero no me extrañaría que pase algo parecido a lo que pasó en Estados Unidos después de los ataques terroristas del 11 de setiembre del 2001. El país se paralizó, muchos dijeron que el mundo nunca volvería a ser como antes, que nadie más saldría a comer a un restaurante o a ir a un concierto. Y a los pocos meses, los restaurantes y los conciertos estaban llenos. Algunas cosas cambiaron, claro: ahora tenemos que sacarnos los zapatos y pasar por controles en los aeropuertos. Pero el mundo no cambió del todo. Yo creo que algo parecido va a pasar cuando salga la vacuna contra el COVID-19. Vamos a tener que cambiar algunos de nuestros hábitos cotidianos, pero el mundo no se va a detener.

– ¿Qué pasó en los Estados Unidos? ¿Qué falló para que esté liderando la cantidad de contagiados y de muertos por COVID-19?

– Por un pésimo manejo del presidente Trump, que durante varias semanas críticas minimizó la amenaza del COVID-19. El número de muertos por coronavirus en Estados Unidos es escandaloso. Ya van más de 70 mil. Incluso si lo medimos per cápita, en relación al número de habitantes, es altísimo. Estados Unidos tiene el 4% de la población mundial y un 27% de de los muertos por coronavirus. Es cierto que China ocultó información, y que la OMS se demoró varios días, pero Trump hizo muy poco, casi nada, en las primeras semanas después de que se reportó el primer caso de COVID-19 en Estados Unidos, que fue el 21 de enero, ni tampoco cuando se declaró la emergencia global, ya el 30 de enero. Se quedó dormido. En lugar de iniciar inmediatamente una campaña para promover el distanciamiento social y ordenar test y ventiladores, Trump minimizó constantemente la pandemia. Casi un mes después seguí tuiteando que “la situación está muy bien controlada”.

– La pandemia facilita actitudes autoritarias o populistas de los gobiernos. ¿Cómo será el día después?

– En épocas de crisis provocadas por factores externos, como ésta, tiene a subir la popularidad de los jefes de estado. Y eso hace que muchos se sientan con licencia para hacer lo que quieran.

– Hace unos días escribió una nota en The Miami Herald hablando del respaldo que el gobierno argentino piensa darle a los médicos cubanos, algo que nunca termina de ser aclarado finalmente cómo será y cuándo. ¿Cree que es un compromiso que Cristina Kirchner tomó con el régimen cubano por haber tenido internada a su hija durante un año?

– No le veo otra explicación que esa. Es una idea ridícula y muy costosa para los argentinos. Argentina tiene más médicos per cápita que los demás países sudamericanos, además tiene unos 700 médicos venezolanos que, según la Asociación de Médicos Venezolanos en la Argentina, ya está en el país desde hace tiempo esperando sus licencias profesionales. No habría que pagarles pasajes ni estadía.

– Tampoco se sabe cuánto se les pagaría…

– Que yo sepa no lo divulgó, pero si les pagan lo mismo que les pagaban en Brasil, estaríamos hablando de millones de dólares. Los gobiernos de Lula y Dilma Roussef pagaban $ 3.400 dólares por médico cubano por mes, de los cuales apenas $ 740 iban a los médicos, o supuestamente médicos, porque muchos en realidad son enfermeros o camilleros. Lo demás, iba a a la dictadura de Cuba. Por eso se trata de una forma de esclavitud moderna, ya que les retienen el pasaporte y no les permiten moverse con libertad e independencia. De manera que, si el Gobierno argentino trae médicos cubanos y les paga el precio que Cuba cobra por estos servicios, está dilapidando el dinero de los argentinos. Además, es irónico que el gobierno kirchnerista alegue ser un defensor de los derechos humanos, cuando estaría subvencionando a la dictadura más antigua del continente.

– El otro día escuché a un experto internacional definir a Cuba como una pequeña potencia colonial, porque avanzó en el pasado sobre Angola, y más cerca en el tiempo sobre Venezuela, Nicaragua, Bolivia. ¿Cree que tiene interés sobre Argentina también?

– Más que un estado colonialista es un estado parásito, que siempre vive de otros. Con el cuento de que son víctimas del imperialismo, primero les robaron todo a los propios empresarios cubanos, después vivieron de la Unión Soviética, después de Venezuela. No sería raro que ahora que se les está cayendo Venezuela estén tratando de encontrar otros países que los banquen. Cuba vive del relato y, lamentablemente, todavía hay quienes se lo tragan, después de 60 años de dictadura y uno de los niveles de vida más bajos de las américas. Si el régimen de Cuba fuera tan popular en la isla, ¿por qué no permite elecciones libres? La respuesta es muy simple: porque sabe que las perdería.

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