Inicio / ACTUALIDAD / 30 años de la recordada canción del Mundial de Italia: historias detrás del gran clásico de la nostalgia y de sus fallidas antecesoras

30 años de la recordada canción del Mundial de Italia: historias detrás del gran clásico de la nostalgia y de sus fallidas antecesoras

Chile 62: Tómala, métete, remata

No fue una cueca. No les pareció lo suficientemente internacional. La primera canción de un Mundial se compuso en Chile para el 62. Pero fue un rock and roll. Tan al estilo Elvis que muchos hablaron de plagio. La historia del arte es la historia del robo, dijo alguna vez Peter Gabriel, así que nadie se hizo demasiado problema. Y cuando el tema de los Ramblers vendió 80 mil copias de un tirón, mucho menos. Con el tiempo llegaría a las dos millones de copias. Golazo.

En el 2014 la revista Billboard consideró “El rock del Mundial” entre las 10 mejores canciones de Mundiales de fútbol. Un módico mérito considerando que a esa altura habría apenas unas 14. Pero a quién le importa.

La letra tiene el extraño sabor del rock tocado por gente grande. Casi como si los Ramblers lo tocaran ahora. “El Mundial ´62 es una fiesta universal / del deporte del balón como consigna general. / Celebrando nuestros triunfos bailaremos rock and roll. / Nos invade la alegría y de todo corazón / agradecemos a quienes nos brindaron la ocasión / y dispuestos a la lucha entraremos en acción.” Ese equilibrado mix de amenazas veladas con invitaciones de consorcio y poesía de funcionarios estatales caracterizará al género “música mundialista” por mucho tiempo, al menos hasta que el pop internacional se apropie de todo.

El estribillo es contundente: “Tómala, métete, remata. / Gol, gol de Chile. / Un sonoro C H I / y bailemos rock and roll. / Tómala, métete, remata… / Gol, gol de Chile.” Repite unas tres veces. Aunque parecen muchas más.

Finalmente promete que “A los equipos extranjeros demostraremos buen humor/ y como buenos chilenos, hidalguía y corrección. / Y aunque sea en la derrota bailaremos rock and roll”. Rocanrol.

Los Ramblers, con su estilo de banda de cruceros, siguen todavía en la ruta y están a punto de cumplir 60 años con formaciones numerosas y diversas. Tuvieron el enorme mérito de entender que a los Mundiales les faltaba música. La historia y la industria discográfica harían el resto.

Inglaterra 66: la nueva sensación de la época

Para el Mundial ‘66 ya se sabía que una canción no podía faltar. Y se le encargó a alguien consagrado: un escocés llamado Loonie Donegan, conocido como “el rey del skiffle”. El skiffle, término intraducible al castellano, alude a un tipo de música negra de los esclavos norteamericanos que, al llegar a Inglaterra, se convirtió en un género megapopular, especialmente en el tiempo que fue entre la posguerra hasta 5 minutos antes de que aparecieran The Beatles, quienes como los Rolling Stones o Led Zeppelin, también tocaron skiffle antes de ser lo que fueron.

La canción de Donegan es en realidad una canción a World Cup Willie, el leoncito del Mundial de Inglaterra que fue la primera de las mascotas mundialistas, un derroche de creatividad marketinera que sabría luego de mariachis, gauchitos, naranjines y lo que fuera que sea el androide geométrico que se usó en el Mundial de Italia.

La letra no es mucho mejor que la de los Ramblers: “Hay un compañero de fútbol, / todos conocen su nombre/ y los periódicos nos dicen que está en el Salón de la Fama. / Donde sea que vaya / él estará de moda /porque él es la nueva sensación de la época. / Vestido en rojo, blanco y azul, / él es el Copa Mundial Willie. / Todos lo amamos también, / Copa Mundial Willie. / Es duro como un león y nunca se dará por vencido. / Es por eso que Willie es favorito para la Copa. / Willie, Willie, / es el favorito de todos para la Copa…” Un tema que podría haber aparecido en cualquier álbum de “Titanes en el Ring”. Y no sería de los mejores.

México 70: ¡A la bim bom ba!

La canción de México 70 la compuso un tal Paulo Roberto do Nascimento, algo que presumiblemente es el seudónimo brasileño de un mexicano jinglero con contactos en la Federación Mexicana de Fútbol Asociación (entidad rectora del fútbol mexicano). El tema se llamó “Fútbol México 70” y es una especie de bossa nova con arreglos de música de sala de espera, interrumpida por brotes rancheros. La letra es la repetición de su título como mantra, con las consabidas fórmulas de bienvenida a los visitantes, que gane el mejor, la fiesta, la amistad, etc. Tal vez sus líneas más recordadas sean las que exclaman “¡Siquitibum a la bim bom ba! ¡Siquitibum a la bim bom ba! ¡A la bim bom, a la ba! ¡A la bim bom ba!”. Inolvidables.

Con una bossa compuesta por un tal Do Nascimento como tema oficial, era obvio que Brasil iba a ganar esa Copa casi desfilando. Lo haría de la mano de otro señor que se apellidaba Do Nascimento, pero que nos dejó mejores recuerdos.

Alemania 74: Fussball ist unser leben, o algo así

No sabemos si su letra hablaba de las virtudes del deporte y la sana competencia o convocaba a avanzar sobre países vecinos, pero era lo de menos: los alemanes fueron los primeros en descontracturar un poco el asunto de la canción mundialista y grabaron una marcha que cantaron los propios jugadores. Un papelón simpático que, en épocas en las que el auto tune no era ni un sueño, debe haber sido un desafío y obligó seguramente a mezclar las voces del plantel germano con las de 700 coreutas del Volga. Pero valió el esfuerzo.

Quedará para siempre el video de los futbolistas cantando en el estudio, letra en mano, y riendo como niños, más allá de ser señores de 2 x 2, 120 kilos de pura fibra germánica y usar bigotes, barba completa o patillas.

La canción se llamó «Fussball ist unser leben», que traducido al castellano, aseguran, quiere decir «El fútbol es nuestra vida». Y si bien parecía inofensiva, sentaría un antecedente peligrosísimo. Ya se verá.

Argentina 78: Nuestra proverbial hospitalidad

El Mundial 78 tuvo un tema instrumental oficial encargado por la AFA nada menos que a Ennio Morricone, compositor renombradísimo de bandas sonoras de más de quinientas películas. A la luz de los resultados, Morricone compuso la música del 78 mientras hacía algún viaje en taxi, y entre dos sitios presumiblemente muy pero muy cercanos. Su astronómico caché debe haber formado parte del festival de sobreprecios que llevaron adelante los organizadores de “la justa deportiva sin igual”.

El otro tema oficial fue, y cómo no iba a serlo, una marcha militar. Arrancaba sentenciando que “25 millones de argentinos jugaremos el mundial”, una idea que iba en sintonía de toda la construcción discursiva “procesista” según la cual el que no estaba alineado no era argentino e, incluso, no era persona.

El autor de la letra y la música fue un modesto bandoneonista y arreglador de las bandas sinfónicas de la Armada y de la Policía llamado Martín Darré. El estilo era el de una versión más o menos alegre de cualquiera de las marchas militares que se escuchaban por entonces hasta para celebrar el día de la empanada, con un largo fragmento silbado, como si se tratara de un cover siniestro de la famosa marcha de la película Un puente sobre el río Kwai.

La letra, más allá de la famosa frase inicial, anda por la cornisa de la autoparodia. Y cae. Especialmente en el fragmento en el que las viriles voces del coro del Teatro Colón cantan “luciremos nuestra imagen / en deporte y en cultura. / Brindaremos al hermano de otras tierras nuestra proverbial/ hospitalidad…” Si no pusiera la piel de gallina, sería gracioso.

España 82: La gente exaltada…

Plácido Domingo concurrió a todos los Mundiales desde 1970, con la sola excepción de Argentina 78. No sabemos si por motivos políticos o de agenda, pero es un amante del fútbol que se dio el gusto de grabar “El Mundial”, la canción oficial del Campeonato del Mundo disputado en España en 1982.

Se trata de un pasodoble orquestado como cortina de programa ómnibus, en el que su increíble voz no logra distraer del todo de una letra que abunda en los lugares más comunes. La fiesta, la competencia entre los mejores, vienen de todo el mundo a esta competencia entre los mejores que es una fiesta, etcétera.

El autor de la letra fue Alfredo Garrido, un músico y productor ligado muchos años al sello Philips. A pesar de haber trabajado para infinidad de cantantes, su verdadero hit fue escribir la letra y cantar la versión en español del tema de apertura de la serie japonesa Mazinger Z, que muchos le atribuía al mismísimo Raphael. “La maldad y el terror, Koji puede dominar / y con él su robot, Mazinger. / Mazinger es fuerte y muy bravo, es una furia no pueden con él, preparado a combatir está…” cantó durante años. Versos mucho más inspirados que aquellas frases protocolares que le hizo cantar al tenor más famoso del mundo.

En la España que hacía demasiado poco que se desperezaba del franquismo, se desató una verdadera metástasis de canciones mundialistas. Entre las más llamativas habrá que mencionar una en la que Lola Flores formaba un seleccionado con las artistas españolas del momento. Fue acompañado por un absurdo videoclip de todas ellas simulando jugar al fútbol y terminaba con los consabidos arrebatos patrióticos de “Viva España / Viva Cristóbal Colón…”

Un grupo llamado Made in Spain, de esos que forman los productoras fonográficas juntando a tres chicas altas que puedan tirar un paso usando plataformas sin partirse la cadera, grabó un tema llamado “El rematador”. La letra hablaba de un personaje mítico que “es torero y futbolista, la estrella del Mundial 82…” La carrera de las Made in Spain duró menos que la de la selección local en la Copa del Mundo. Una verdadera lástima.

México 86: Donde se vive la emoción

La canción oficial de México 86 se llamaba “El mundo unido por un balón” y toda su letra consistía prácticamente en la repetición de esa idea con una persistencia obsesiva. La había compuesto un chileno llamado Juan Carlos Abara, que hacía música para programas infantiles de televisión. Arrancaba con intro de ranchera pero enseguida se ponía marchosa. Y si bien es la que recordamos por adornar la mayoría de las transmisiones, tuvo que convivir con un sinfín de canciones propias y extrañas.

Repitiendo la experiencia de los futbolistas alemanes en el 74, los jugadores mexicanos grabaron un simple con dos temas: “La ola verde” y “El equipo tricolor”. Lo recaudado por la venta del disco sería destinado a las víctimas del terremoto que había afectado al país en el ‘85.

Pero estos temas cantados por futbolistas no serían los únicos. Los jugadores brasileños grabarían con ritmo de carnaval carioca “¡Raridade!”, un tema en el que participaron todas las figuras del equipo que quedaría eliminado en cuartos de final por Francia.

Y los jugadores de Paraguay celebrarían el retorno de la albirroja a Copas del Mundo después de 28 años grabando una canción llamada tautológicamente “Llegamos al Mundial” en el estudio mayor del canal 9 de Asunción. También lo celebraron dedicándole la clasificación al presidente Alfredo Stroessner, “primer deportista de la Nación”. Pero mejor recordarlos jugando.

Aunque sin dudas, el capítulo más bizarro lo escribirían los alemanes que van a grabar, con videoclip en estudio de televisión incluido, el tema “México mi amor”, una ranchera entonada en el idioma de Nietzsche. ¿Qué podía salir mal?

En 1990 todo cambió. Jingleros, bandas de amigos, modelos puestas a cantar, compositores de cortinas con acomodo, todos fueron pasados a retiro. Alguien decidió que la canción del Mundial de Italia tenía que hacerla Giorgio Moroder, un italiano que vivía en Los Ángeles y que tenía antecedentes algo más interesantes. Como productor y compositor había descubierto a Donna Summer, trabajado con David Bowie, Blondie y los Stones y compuesto los temas archiconocidos de las películas Flashdance (“What a feeling”) y Top Gun (“Take my breath away”). Así que cuando lo llamaron para componer la música de la Copa del Mundo lo tomó con más profesionalismo que entusiasmo. Convocó entonces a su compañero Tom Whitlock para que le pusiera la letra, que originalmente era en inglés. Juntos habían hecho las canciones oficiales de los Juegos de Los Ángeles 84 y Seúl 88. La tenían clarísima.

El resultado fue “To be the number one”. Una canción hecha y derecha que se lanzó con el consabido video. Pero Moroder sabía que algo no estaba funcionando. Y tomó una decisión sabia que le costó –dicen— su amistad con Whithlock: la canción necesitaba una letra en italiano. Así fue que del gélido y obvio “To be the number one” pasamos al épico “Un´estate italiana”, que se traduce como “Un verano italiano”, aunque a la hora de su versión en español “estate” haya sido reemplazado por “estadio”: la dictadura de la métrica, la rima y los productores musicales.

Los convocados para hacer la nueva letra y cantarla fueron dos rockeros italianísimos. Edoardo Bennato, un estudiante de arquitectura napolitano que tocaba la guitarra en bandas de blues y había grabado ya muchas canciones, y Gianna Nannini, una chica que rockeaba en Siena y cuyo contacto con la fama iba bastante más allá que ser la hermana del piloto de Fórmula 1 Alessandro Nannini. Gianna ya tenía varios álbumes grabados y con algunos de ellos había obtenido discos de platino en varios países europeos.

Pocas canciones nos hacen viajar en el tiempo con tanta intensidad sensorial. Escuchamos “Forse non sarà una canzone / a cambiare le regole del gioco/ ma voglio viverla cosi quest’avventura / senza frontiere e con il cuore in gola…” Y enseguida pensamos en el tobillo de Maradona, la melena al viento de Caniggia, Sensini barriendo en el área… Suena “E il mondo in una giostra di colori/ e il vento accarezza le bandiere / arriva un brivido e ti trascina via/ e sciogli in un abbraccio la follia…” Y está Bilardo acomodándose el pelo como si fuese un implante mal ensamblado, el gol de Troglio a los soviéticos, los ojos desorbitados de Totó Schillachi… “notti magiche / inseguendo un goal / sotto il cielo / di un’estate italiana…” Batista como una momia de Rep, Barulich presagiando un triunfo contra viento y marea, pedir la hora contra Rumania… “e negli occhi tuoi / voglia di vincere / un’estate / un’avventura in più…” Diego puteando a los italianos que chiflan el himno, la zona de Inglaterra en la que empatan todos, los irlandeses que quieren salir campeones sin hacer un maldito gol. “Quel sogno che comincia da bambino/ e che ti porta sempre più lontano/ non è una favola — e dagli spogliatoi / escono i ragazza e siamo noi…” María Julia privatizando los teléfonos, Monzón yendo por la tibia de Klinsmann, la propaganda del cacique de Grundig. “Notti magiche / inseguendo un goal / sotto il cielo / di un’estate italiana / e negli occhi tuoi / voglia di vincere / un’estate / un’avventura in più…”

Hoy Moroder tiene 80 años y sigue despuntando el vicio detrás de la banda francesa Daft Punk. En su merecidísima mansión, rodeada por muros infranqueables de discos de platino, vive plácidamente mientras ignora por completo que, en un lejano lugar del planeta, a cualquier persona de más de 40 se le erizan los pelos de la nuca de solo escuchar las primeras cuatro notas de la intro de su canción para Italia 90.

* El autor escribió junto a Cune Molinero el libro “El último Mundial. Un viaje sensorial a Italia 90”, que publicará próximamente editorial Planeta.

también puedes leer

Vélez supera a Deportivo Cali en Colombia y se acerca a los cuartos de la Sudamericana

«,»type»:»raw_html»},{«_id»:»74DA5EYOGFB3VINOAVIKDPROLU»,»content»:»La Copa Sudamericana sigue su curso y hoy conocerá a sus dos primeros clasificados a …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *